miércoles, 4 de diciembre de 2019

[TRASFONDO] Como una druchii salvó al Viejo Mundo...(Corredores de Sombras 2019)

Muy buenas pobres ignorantes. Quizás creíais saber lo que pasó "al final" del trasfondo de Warhammer Fantasy, pero hay cosas que nunca se contaron. Por suerte, eso lo podemos arreglar hoy. Nuestro compañero Enric, al que ya leéis asiduamente en la Escalada de los lectores, ha decidido acompañar mi crónica del Corredores de Sombras 2019 con la suya propia, y hoy abriremos su serie (esta sería la parte 0) con el trasfondo de su lista. Jugó Culto de Slaanesh, la lista alternativa de Elfos Oscuros (con Caos), y la verdad es que me gusta mucho como la justificó. Disfrutad.



Cómo una druchii salvó al Viejo Mundo...

Desnuda de cintura para arriba, y cubierta de extraños símbolos y tatuajes que cubrían la mayor parte de su esbelto cuerpo, Drukhira subió los últimos peldaños que quedaban en el castillo de popa. Salió al exterior de la fortaleza de la majestuosa Arca Negra, y escuchó el sonido de las olas, estrellándose contra el casco de la ciudad-nave. Se encontraba en lo alto de la fortaleza principal del inmenso navío, a muchos pies por encima de las extrañas plazas, cubiertas y torres que convergían justo debajo de ella, y saludó a la multitud que se mezclaba y retozaba mientras la aclamaban. Esa horda de ambiciosos Druchiis, de estúpidos bárbaros, y de crueles Demonios eran su tripulación, su ejército y sus fieles seguidores, y la adoraban.  

Pese a saber que era peligroso entregarse al placer, se regocijó unos instantes con la satisfacción de ser reverenciada ¿Tan malo era dejarse llevar un poco por la vanidad? La habían llamado traidora y asesina… pero jamás por el calificativo que se merecía: heroína. Nadie se lo reconocería jamás, nadie nunca lo sabría, pero juntas, Drukhira y su hermana Driath habían salvado el Mundo.

Ambas habían sido, hasta hacía pocas décadas, grandes Hechiceras del Templo de Ghrond. Desde pequeñas, habían sido reclutadas y entrenadas por la misma Morathi, que vio en ellas grandes dotes para la hechicería oscura y la videncia. Ambas hermanas tenían una poderosa capacidad: en cuanto las dos tenían el mismo sueño, este significaba siempre algún presagio. Muchas veces se trataba de eventos de poca importancia, o confusos, pero algunas veces podían ver claramente lo que el destino les tenía preparado… y actuar en consecuencia.

Una de estas visiones es la que había empezado todo aquello. Las dos hermanas tuvieron el mismo sueño: el Caos, con ejércitos como nunca se había visto antes, arrasaban el Viejo Mundo acabando con todo. A su vez, las hordas de Slaanesh y Khorne entraban en Naggaroth, obligando al rey Malekith a emigrar a Ulthuan y hacerse con el Trono del Rey Fénix. Su madre, Morathi, manipulaba al príncipe Asur Tyrion para que se hiciera con la Hacedora de Viudas, y encadenaba una guerra de catastróficas consecuencias que terminaban en el hundimiento de Ulthuan. Al final, todo aquello carecía de importancia, puesto que finalmente, el Viejo Mundo caía ante las Hordas del Caos, y con él el planeta entero, desapareciendo en la nada en El Fin de los Tiempos…

Ambas hermanas habían despertado aterrorizadas, y respirando copiosamente. Decidieron contar parte de su sueño a la Reina Morathi, que ya estaba maquinando sus planes para la Espada de Khaine. Tras reflexionar que si seguía adelante con el plan ella misma, Naggaroth, y después todos los mortales perecerían, Morathi decidió actuar y cambiar el futuro, abandonando sus secretos planes para el príncipe Tyrion. Muy inteligentemente, reactivó las defensas del norte para detener las hordas de Khorne y a su vez, hizo un pacto con las tribus de Slaanesh, postulándose ella misma como su favorita y ganándose a sus adeptos. Con ello, Naggaroth y la propia Morathi estaban a salvo. Sin embargo, Morathi ignoró completamente las advertencias referentes al Viejo Mundo. Ella pensaba mirar solo por sí misma. Con sus hordas de fieles de Slaanesh, se dirigió al sur, a saquear Lustria, mientras generaba el caos en Naggarond con sus cultistas, consiguiendo más poder político y evitando que su hijo Malekith se centrara en Ulthuan.


Aunque no volvieron a soñar con Druchiis y Asur, las dos hermanas siguieron teniendo los mismos sueños sobre la destrucción del Viejo Mundo. La caída del Imperio y demás reinos humanos les traía sin cuidado, pero parecía que un hecho iba vinculado con el otro. Los intentos de Drukhira de crear un ejército en ayuda del Imperio fueron desastrosos: ningún Druchii lucharía junto con humanos, enanos, y sobretodo altos elfos… por mucho dinero que les ofrecieran. Fue Driath la que tuvo la idea: si iban a impedir la destrucción del mundo, debían hacerlo sutilmente, enmascarando el objetivo final, y consiguiendo beneficios a corto plazo que satisficieran a los de su raza. Salvar las razas mortales sería por tanto una consecuencia casual de sus actos, no un objetivo que mostrar.

Se dirigieron al norte, para debilitar la invasión del Caos desde dentro. Allí, manipularon y sedujeron a las distintas tribus de Slaanesh tal como había hecho Morathi, y las dirigieron en contra de sus enemigos naturales: las hordas de los demás Dioses del Caos. Con la ayuda de las superiores tropas élficas y de la magia Oscura, las tribus acababan con sus primitivos vecinos sin oposición, uniendo más y más miembros a la creciente horda.

Las hermanas actuaban únicamente donde sabían que podían obtener grandes beneficios y riquezas. Los elfos oscuros combatientes en su ejército volvían a Naggaroth cargados de esclavos y objetos mágicos, totalmente seguros de que las hermanas utilizaban la fe en Slaanesh únicamente como excusa para manipular a los estúpidos bárbaros, mientras que estos adoraban a sus nuevas Sacerdotisas, extendiendo el poder de su dios Slaanesh, convencidos de que las hermanas utilizaban el oro y las baratijas para manipular a los narcisistas elfos, que uno a uno iban uniéndose a su lasciva fe. Ambos grupos tenían parte de razón. Ambos estaban siendo utilizados. En una complicada red de mentiras y engaños y un cuidadoso equilibrio entre ellas, las hermanas consiguieron lo que parecía imposible: unir a demonios, adoradores del Caos y elfos oscuros, para salvar el Mundo.

Entregarse al Dios del Placer y obtener sus beneficios no supuso un problema moral para las hermanas, que ya habían coqueteado sin pudor con las sectas de Ghrond por pura diversión. El temor que sentían al principio, que Slaanesh reprobara sus planes de rebelión ante los demás Dioses del Caos, se fue disipando, al ver que este aceptaba sus victorias, y dotaba a sus tropas y sus propios cuerpos de cada vez más bendiciones. Por lo visto, el Dios Oscuro prefería vencer a sus hermanos y reírse de ellos que acabar con el Viejo Mundo con su ayuda… o más probablemente, este contaba con sus propios videntes, y no le agradaba el futuro que le esperaba tras El Fin de los Tiempos que habían soñado.

El pago por todo aquel Plan no fue únicamente en oro. El verdadero sacrificio fue el cambio que esta entrega al Dios del Placer obró en ellas: arrogancia, hedonismo, un sentimiento de superioridad constante… nunca supieron hasta qué punto esas sensaciones eran suyas, y cuanto era una manipulación en sus mentes, a medida que caían en las redes de Slaanesh. Drukhira se dio cuenta de estas debilidades, y el autocontrol se convirtió en su mayor obsesión. Driath, sin embargo, hizo lo contrario: recreándose en esas sensaciones, fue ambicionando cada vez más, y adquiriendo más dones, que Slaanesh le concedía cuantas más victorias y fieles les acompañaban. Lo que empezó con pequeñas mejoras como facciones más atractivas, pupilas dilatadas y una piel blanca como el alabastro, se convirtió en una obsesión por el poder y la inmortalidad, con “ascender” a lo más alto… y cambió. Vaya si cambió. El poderoso Ser demoníaco en que se había convertido ahora su hermana ya no era mortal, y Drukhira empezaba a dudar que todavía compartieran el mismo objetivo.

Drukhira volvió a concentrarse en la multitud que se congregaba. Brevemente, sintió un atisbo de tristeza por la pérdida de su hermana, y una expresión de dolor asomó a sus ojos. Rápidamente fue enmascarada por la sonrisa cruel que la caracterizaba. No podía permitirse mostrar debilidad. Sin más demora, recitó unas plegarias, y dio la orden a los marineros de partir. Abandonaban el norte para nunca volver.

El sentimiento de arrogancia volvió a ella: el esfuerzo y el sacrificio realizados habían dado resultado: en el norte habían vencido, y se estaban volviendo extremadamente ricas, adoradas, y poderosas. En cuanto a sus verdaderos objetivos, el éxito había sido también rotundo: debido a toda aquella conquista y dominio en nombre de Slaanesh, las tribus de los demás Dioses del Caos se habían congregado para enfrentarse a ellas, o para rematar a otras debilitadas tribus, y había empezado una lucha interna en gran parte de los Desiertos Occidentales. En lugar de reunir una horda cohesionada y causar El Fin de los Tiempos tal como aparecía en sus visiones, Archaon tuvo que enfrentarse al hecho de que una parte de los Desiertos del Caos estaba enfrascada en sus propias luchas. Cuando Archaon llegó por fin a Middenheim, lo hizo con un menor número de tropas que en sus sueños, y más tarde de lo esperado. Allí fue contenido por las tropas del Imperio, y derrotado por un aliado inesperado: Grimgor Pielhierro.

Nunca nadie sabría la verdad, pero una Druchii había salvado el mundo del Fin de los Tiempos, y la etapa, que sería conocida como la Tormenta del Caos, llegaba a su fin.  

Los sueños de Drukhira no habían acabado aquí, por desgracia. Parecía que una serie de eventos estaban ligados a desencadenar la destrucción del Viejo Mundo: los skavens invadiendo Estalia, Nurgle ocupando Marienburgo, una batalla en una abadía de Bretonia para recuperar un libro de Nagash, el Clan Pestilens en Lustria… Quedaba mucho por hacer. Afortunadamente, gracias a las visiones no tendrían que enfrentarse directamente en esas batallas. Podrían aparecer en el momento preciso, cuando el vencedor estuviera agotado… y aprovecharse del desgaste de ambos bandos.

Ambas hermanas, Drukhira, la Elfa Oscura; y Draith, la recién ascendida Guardiana de los Secretos, se miraron, y sonrieron. Con su nueva Arca Negra, la Ciudadela del Placer, era hora de que el Culto de Slaanesh se dirigiera al sur a saquear nuevas tierras. Dudaba mucho que los humanos, enanos y demás razas que esclavizarían por el camino se sintieran agradecidos, pensó, pero a veces hacen falta pequeños sacrificios para lograr grandes cosas.


7 comentarios:

  1. Enhorabuena por el trasfondo, Enric!!
    Me ha encantado! Cómo unir las historias de El Fin de los Tiempos, La Tormenta del Caos junto a mi lista alternativa favorita y la evolución de los dos personajes.

    Deseando leer cómo te fue en el torneo!

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  2. Disfruté muchísimo leyendo este trasfondo cuando me lo mandó Enric por un motivo simple. Va más allá de mirar el trasfondo de warhammer de forma maniqueísta e infantil, de "estos son los buenos y estos los malos". Me gusta mucho que haya motivaciones más allá de la superficie, porque es lo que hace las historias buenas.

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  3. Muy bueno el trasfondo de la lista, ¡Felicidades!

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  4. Genial la paradoja de las dos realidades. Felicidades y gracias por compartirlo.

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  5. Mucha calidad, conocimiento y gusto a la hora de escribier el relato. Enhorabuena!

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  6. Coincido con todos, muy bueno ese trasfondo. Y efectivamente la zona de "son los buenos/malos pero no" pocas veces se usa y aquí esta muy bien hilada. Felicidades!!

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