¡Bueno bueno bueno! Pues sí, hoy es el último viernes de trasfondo del VII Torneo Leyendas en Miniatura (¿que casual verdad?) aunque haciendo algo de trampa, pues se trata de un inédito que ni los jueces llegaron a leer, porque el autor es Gragh y lamentablemente se tuvo que quedar en la lista de espera a puntito de poder jugar. Es una pena porque aparte de un oponente magnífico hubiera peleado fuerte las candidaturas de pintura...y la de trasfondo yo creo que también. Por suerte nos ha dado permiso para compartirlo y disfrutarlo todos.
Kriegger se quedó congelado. Su respiración se cortó, a la vez que todo su cuerpo se quedaba
rígido ante la consumación de sus malos augurios. La sombra apenas había sido perceptible,
poco menos que un susurro ahogado en la ruinosa sala central del olvidado templo. Pero
sabía, más por instinto que por intuición, que ésta había atravesado el cuello del viejo
Grubber. Durante un par de segundos, sus pulmones protestaron. Su cuerpo parecía pedir a
gritos que reaccionase y pusiera de nuevo en marcha su suplicante corazón, detenido de igual
modo que la mueca de confusión dibujada en la cara del anciano cultista. Pudo ver como un
hilo oscuro, engordaba alrededor del cuello de aquel idiota, y mientras la sangre se
derramaba, la cabeza cana comenzó a precipitarse lentamente, separándose de los hombros
cubiertos por una túnica púrpura. Sin embargo la mente del joven se hallaba lejos, repasando
los recuerdos de toda una vida, desde los cálidos días de su niñez, hasta los últimos años de
tinieblas y transgresión. Finalmente el silencio se rompió cuando la cabeza del aspirante a
demonólogo golpeó la fría piedra y, por fin, Kriegger expiró abruptamente. A pesar de que su
cuerpo por fin se había relajado, su corazón pareció cobrarse los latidos que le habían sido
negados, y el acólito temió que le fuera a estallar. Aunque, visto lo visto, quizás ésta
posibilidad sería lo más ridículo que temer dadas las circunstancias.
-Y bien,- Dijo la voz, profunda y lejana como el fondo de un abismo, pero a la vez intensa y
vibrante como una llama.- ¿Qué decís vos?
El joven comenzó a temblar incontroladamente, sabía que esto solo podría acabar mal, pero el
estúpido maestro al que había sido asignado, jamás le había dado importancia a sus temores, y
menos aún a sus protestas, las cuales fueron recompensadas con inclementes varazos en las
costillas. Ahora se encontraba frente al error más grave que pudiese haber imaginado en la
peor de sus pesadillas, y ese error sabía que estaba allí frente a él, ¡vaya si lo sabía!, le estaba
interpelando directamente, de hecho. Kriegger, quiso morirse antes de saber cómo acababa
esta confusa historia.
-¿Será quizás, que no me he expresado claramente?, ¿o es que lo hice en términos que vuestra
merced no comprenda? – Continuó la sombra, adquiriendo una opacidad tan negra, que su
silueta se apreciaba claramente, incluso en la total oscuridad que la rodeaba. Creció
rápidamente, y unos ojos rojos aparecieron sobre el aterrorizado hombre. – Sé que en tierras
lejanas las gentes hablan diferentes lenguas, y yo estoy lejos de casa. Algo así dificultaría una
correcta comprensión entre caballeros, pero… ¿es éste el caso?-
Al encogido hombre, no dejaba de sorprenderle la actitud educada, casi cortés del ente. ¿Qué
demonios era esto, o más bien, éste? Miró el cuerpo tendido en el suelo frente al de su
maestro, que se mantenía cómicamente erguido sobre las rodillas, a pesar de haber perdido
una parte importante. La joven, envuelta con un blanco vestido inundado de su propia sangre,
yacía sobre un gran charco rojo, que marcaba fuertemente su dorado y rizado cabello,
adornado con flores y una corona de laureles. ¿Qué podía decir? Su maestro la había
degollado, sin contemplaciones, pretendiendo invocar a un señor de la guerra de más allá del
velo, en busca de consejo y poder. Pero el ser que había aparecido, estaba extremadamente
contrariado con el sacrificio, y todas las precauciones para contenerlo habían resultado
inútiles. Lo más confuso, sin embargo, era que el monstruo estaba más interesado en vengar a
la muchacha del modo en que lo haría un caballero, que en cualquier otro asunto. Su maestro,
se inculpó como autor material e intelectual, pero no tuvo oportunidad de expresar nada
sobre sus motivaciones, y ahora la cabeza de aquel decrépito pedante yacía entre sus rodillas.
Como cómplice necesario, el novicio sabía que no había posibilidad de exculparse a través de
la lealtad debida, o de su oposición al plan. Sin una idea mejor, Kriegger decidió mentir.
-Fueron los infieles, yo venía a rescatar a esta dama, pero la lucha me retuvo y no llegué a
tiempo para salvarla. Soy una vergüenza para la caballería.- Dijo llevándose las manos al
rostro. Sollozó y se arrodilló junto a la damisela, posando su frente sobre la sangre y golpeando
con un puño el teñido suelo.
-Ciertamente lo sois,- Respondió la sombra, aumentando su envergadura considerablemente
mientras desplegaba unas portentosas alas. Al momento, las llamas que su llegada había
extinguido, se reavivaron con una explosión en las antorchas distribuidas por la sala y el
templo volvió a iluminarse. La gran figura dejó de ser una sombra para revelarse como un
inmenso guerrero coronado con cuernos, una estrella de ocho puntas, negra como el abismo,
palpitaba en su pecho, y en su mano derecha portaba una espada igual de profunda, que
devoraba los tintineantes relámpagos que la atravesaban. Con una mirada piadosa se agachó y
posó su garra izquierda sobre la cabeza del sollozante patán. – pero no quiere decir que vayáis
a serlo siempre.- continuó. - Todos hemos cometido errores, lo importante es que no los rijan
intenciones equivocadas. Ahora, decidme, ¿dónde están esos infieles asesinos? ¡Que juro por
mi amada, la más hermosa de este y todos los mundos, que haré justicia con esos perros
malnacidos!-
Kriegger alzó la mirada para encontrarse con los incandescentes ojos del demonio. No
entendía cómo, pero había funcionado. Sin dejar que ni una grieta de inseguridad se filtrara
por su incrédulo semblante, buscó un chivo expiatorio, dispuesto a no desaprovechar la
oportunidad de sobrevivir y, además, vengar una ofensa. Entonces señaló al norte y con su
mejor voz afectada, dijo entre lágrimas. –La orden de la rosa negra mi señor, tienen su
fortaleza en el pueblo, aquí mismo.-
El demonio lo alzó y lo puso en pie. Señaló los ocho muros del gran salón, donde varios puntos
de luz fueron apareciendo salpicados por los lienzos de roca. De inmediato, éstos se abrieron,
transformándose en brillantes portales, de donde comenzaron a emerger legiones de
demonios menores. Las imposibles figuras reunían todo tipo de formas y tamaños, el iniciado
las reconoció, las había estudiado. Sabía que eran siervos inmortales de los cuatro poderes los
que se encaminaban directamente hacia las puertas, saliendo en tromba del templo para
dirigirse hacia las parpadeantes luces de la ciudad. Kriegger no se podía creer lo que veían sus
ojos, ni tampoco lo extremadamente fácil que había sido manipular a un ente capaz de
desplegar tal muestra de poder. Estaba tan entusiasmado y eufórico, que a punto estuvo dejar
caer su fachada de frustrado aspirante a rescatador. Sin embargo, lo siguiente que escuchó lo
dejó tan confuso como helado, una confirmación de que se había condenado a mantener esta
farsa por el resto de sus días, y tras escuchar las palabras: “Muy bien querido Sancho, vamos a
hacer justicia”, solo pudo pensar: “Mierda”.
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| Fotos tomadas de Navaridas 2025 |
- Príncipe demonio con Marca del Caos Absoluto, nivel 1, alas, Arma Infernal, Avidez de Almas y Rompehechizos
- 16 desangradores con campeón y portaestandarte
- 16 diablillas de Slaanesh
- 16 horrores de Tzeentch
- 16 portadores de plaga con portaestandarte
- 5 furias
- 3 aulladores de Tzeentch
- 5 diablillas montadas
- 5 mastines de Khorne
- 3 nurgletes





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