¡Buenos días! Un nuevo viernes que no amenizamos por aquí con trasfondo, esta vez con un relato bastante extenso aportado por Javi.Kanecrow para el torneocampaña de Puertos del Viejo Mundo, en el que como no podía ser menos...sacó a Luthor Harkon a pasear.
PARTE I
En el puerto de Puerto Ceniza, donde las mareas parecían arrastrar no solo barcos sino
también secretos, Luthor Harkon caminaba solo… y acompañado.
Su figura era alta, vestida con su rojo abrigo de capitán desgastado por el salitre y la
sangre. Se colocó bien el parche mientras alzaba la cabeza hacia las estrellas. Aquella
noche su ojo sano parecía distinto según el instante: a veces apagado, a veces encendidos
con una llama enfermiza.
No era que dudara. Era que discutía.
Dentro de su mente, una mesa redonda se alzaba en un salón imaginario hecho de madera
podrida y velas negras. Trece sillas estaban ocupadas. Trece voces presentes.
—A la “Sirena Ebria” —gruñó la personalidad Bloqueado, pesada y lenta, con voz como
ancla cayendo al fondo del mar—. Allí no preguntan demasiado.
—¡Qué aburrido! —saltó Juguetón, riendo con cascabeles invisibles—. ¡Vamos a donde
haya música! ¡Y ron! ¡Y gente a la que asustar!
—Donde haya más almas. —Malvado habló con un susurro que olía a tumba abierta.
Miedoso se encogía en su asiento interior.
—No deberíamos salir. Nos miran. Siempre nos miran.
Estratégico, con dedos largos entrelazados, golpeó la mesa mental.
—Necesitamos información. Un rumor habla de cazadores de reliquias en el puerto. Si
buscan lo que creemos… debemos adelantarnos.
Implacable no discutía; sentenciaba.
—Donde haya conflicto.
Desquiciado reía sin motivo, golpeando la mesa con un cuchillo invisible.
—¡A cualquiera! ¡Y luego que arda!
Había otras voces: Melancólico, Profético, Silencioso, Soberbio, Curioso y Niño. Trece en
total. Trece fragmentos de un mismo ser roto como un espejo estrellado.
Luthor, en la calle real, se detuvo frente a una encrucijada de callejones que conducían a
distintas tabernas. Desde fuera, parecía simplemente indeciso.
Desde dentro, era una tormenta.
—Necesitamos un lugar con reputación dudosa —dijo Estratégico—. Donde el miedo no
espante a los clientes.
—Donde la muerte no sorprenda —añadió Malvado.
—Donde podamos reír —canturreó Juguetón
Silencioso, que rara vez intervenía, alzó la vista en el salón interior.
—El “Ancla Oxidada”.
El nombre cayó como una campana.
Hubo un momento extraño. Un raro casi-consenso.
Bloqueado asintió lentamente. Implacable no objetó. Incluso Miedoso pareció calmarse.
—El “Ancla Oxidada” —repitió Luthor en voz baja, y sus labios se curvaron.
La decisión estaba tomada.
No por uno.
Por trece.
PARTE II
La taberna “Ancla Oxidada” se alzaba al borde del muelle más antiguo de Puerto Ceniza.
La madera de sus paredes estaba tan impregnada de sal que parecía petrificada. Un ancla
corroída colgaba sobre la puerta, chirriando con el viento nocturno.
¿Por qué allí?
Estratégico enumeró mentalmente:
1. Era frecuentada por marineros veteranos.
2. Los capitanes supersticiosos evitaban el lugar.
3. El dueño hacía preguntas… pero solo después de cobrar.
—Y porque el ron es pésimo —rió Desquiciado—. ¡Eso siempre presagia desgracias!
Malvado añadió:
—Aquí las almas están cansadas. Son más fáciles de quebrar.
Luthor empujó la puerta. El olor a ron, pescado seco y humedad golpeó su nariz. Las
conversaciones bajaron apenas un tono. No por él exactamente… sino por la sensación.
Hay “hombres” que proyectan sombra aunque estén lejos de la luz.
Luthor avanzó hasta una mesa vacía. Sus pasos eran seguros, casi elegantes. Pero sus
dedos tamborileaban con un ritmo irregular, como si no todos estuvieran sincronizados.
—Recopilar información —recordó Estratégico.
—Provocar —susurró Implacable.
—Jugar —rió Juguetón.
El acuerdo era simple: observar primero. Actuar después.
Por ahora.
En la mesa contigua, tres marineros hablaban en voz baja. Uno tenía cicatrices recientes.
Otro llevaba un amuleto de hueso. El tercero, un viejo timonel con un ojo lechoso, bebía sin
pausa.
—¿Lo ves? —murmuró el del amuleto—. Ese no es de aquí.
—Todos somos “no de aquí” en algún momento —gruñó el viejo.
—No como él.
El tercer marinero miró de reojo. Luthor estaba inmóvil, mirando su jarra sin beber. Pero
sonreía.
—Dicen que hay un capitán que perdió la cordura —susurró el del amuleto—. Que oye
voces.
—Eso lo hacemos todos cuando el mar se pone negro —rió el cicatrizado.
—No así. Dicen que cambió de tripulación trece veces… porque él mismo es trece hombres.
El viejo timonel dejó la jarra.
—He oído algo peor. Que no es que esté loco. Que está roto. Y que cada pedazo quiere
algo distinto… excepto una cosa.
—¿Cuál?
El viejo no respondió de inmediato.
—Volver a ser uno.
Luthor levantó ligeramente la cabeza.
Dentro de su mente, las trece voces callaron.
PARTE III
Desquiciado no soportó el silencio.
—¡Vamos! ¡Interrumpe!
Juguetón aplaudió.
—¡Asústalos! ¡Haz caras!
Estratégico dudó apenas un segundo.
—Podría ser útil sacarles más información.
Implacable ya se había levantado.
Y entonces Luthor se puso en pie. Se acercó a la mesa de los marineros con una sonrisa
cortés.
—Disculpen, caballeros —su voz era suave, refinada—. No he podido evitar escuchar mi
descripción.
El del amuleto palideció.
—No hablábamos de usted.
Luthor inclinó la cabeza.
Su expresión cambió.
Los ojos se abrieron demasiado.
—Claro que sí —dijo ahora con voz aguda, casi infantil—. ¡Hablan de mí todo el tiempo!
Los marineros retrocedieron.
Luthor parpadeó y su rostro se endureció.
—Repitan lo que han oído —ordenó con tono frío y calculador. Un segundo después, rió
descontroladamente, golpeando la mesa. —¡Trece hombres! ¡Qué exagerados!
Miedoso susurraba dentro:
—Nos miran mal. Nos miran mal.
Malvado tomó el control con una lentitud venenosa.
—¿Qué más han oído? —preguntó con voz grave.
El viejo timonel tragó saliva.
—Que su mente fue quebrada por algo que vive bajo el mar.
Historias de taberna. Marineros… Bajo el mar no, pero era una buena aproximación. Los
trece callaron pero todos lo pensaron: Los Slann. ¡Los hombres lagarto!
Dentro del salón mental, Profético habló:
—Se acerca el momento.
PARTE IV
El viejo continuó, casi hipnotizado por la presencia cambiante de Luthor.
—Dicen que un Leviatán no lo devoró. Lo partió. Trece fragmentos… como tributo.
La memoria explotó dentro de Luthor.
Tormenta.
Un barco desgarrado.
Muerte.
Sangre.
Selva.
Pirámides.
Una luz pura.
Un susurro ancestral.
Y luego… oscuridad.
Despertar siendo más de uno.
—No fue castigo —dijo Profético desde dentro—. Fue preparación.
Soberbio añadió:
—Somos superiores así.
Pero Silencioso recordó algo más profundo.
—Estamos incompletos.
Malvado murmuró:
—Todos queremos algo distinto.
—Excepto una cosa. —Estratégico fue claro.
En ese instante, por primera vez en años, las trece voces coincidieron con claridad
absoluta.
Volver a uno.
No por paz.
No por cordura.
Por propósito.
Unificar las trece mareas en una sola tormenta.
Luthor sonrió.
Los marineros comprendieron demasiado tarde que no estaban ante un loco… sino ante un
plan.
PARTE V
—Contramaestre Kanecrow —susurró Luthor.
Desde la esquina más oscura de la taberna se levantó una figura. Su piel estaba pálida con
ropajes marineros de buena factura aunque desgastados por más de una vida en el mar.
—Capitán —dijo con reverencia.
Las conversaciones se apagaron.
Estratégico tomó el mando.
—Es hora.
Miedoso gritó dentro.
—¡No tan pronto!
Implacable lo silenció.
—Demasiado tarde.
—Prepáralo —ordenó Luthor.
El contramaestre abrió un libro encuadernado en piel húmeda. Sus palabras no eran
humanas. Eran burbujas, crujidos, sonidos de presión submarina.
Las velas comenzaron a apagarse.
Los marineros intentaron levantarse, pero el suelo parecía pesado.
Malvado se deleitaba.
—Almas cansadas… ahora útiles.
Juguetón aplaudía dentro.
—¡Esto será divertido!
El suelo tembló.
Desde el muelle, un rugido profundo emergió del océano.
El Coloso respondió.
La pared de la taberna estalló hacia dentro cuando un brazo gigantesco atravesó madera y
carne por igual. Gritos. Sangre. Agua salada inundando el suelo.
Luthor alzó los brazos.
—Levantaos —ordenó.
Y los muertos obedecieron.
Uno a uno, los marineros caídos se incorporaron, ojos vacíos brillando con luz verdosa.
Carne de cañón.
Bloqueado, por una vez, no ofreció resistencia.
Desquiciado reía en éxtasis.
Estratégico observaba el caos con fría satisfacción.
Miedoso lloraba… pero no podía detenerlo.
El Coloso Necrofex se alzaba por encima de los restos de la taberna, lo que parecían sus
ojos apuntaban hacia Luthor.
No como amo.
No como presa.
Como arquitecto.
Dentro de su mente, las trece personalidades sintieron algo extraño.
Atracción.
Convergencia.
Una línea invisible que las empujaba unas hacia otras.
No aún.
Pero pronto.
El “Ancla Oxidada” se desplomó mientras los muertos avanzaban hacia el puerto,
arrastrando restos y sangre.
Un muerto, joven, apenas un grumete en vida pasó cerca de Luthor. Juguetón sonrió
mientras se decía “luego”.
—¿Y ahora, capitán? —preguntó el contramaestre.
Luthor observó el caos.
Su voz salió distinta.
No era Malvado.
No era Estratégico.
No era Desquiciado.
Era algo más profundo.
—Ahora comenzamos la reunificación. ¡Hacia el Golfo de Tlaqua! El Péndulo nos espera.
El Coloso Necrofex rugió, y el mar respondió.
En Puerto Ceniza nadie olvidaría esa noche.
La noche en que un vampiro de trece sombras decidió convertirse en una sola tormenta.

Muy buen relato, según mi modesta opinión.
ResponderEliminar