viernes, 31 de julio de 2026

[Trasfondo] Sexo, violencia e intrigas de la corte

  ¡Buenos días! Nos enredamos esta semana en tejemanejes más oscuros y profundos con el relato de trasfondo de Carrot para el evento de Puertos del Viejo Mundo, en que no es oro todo lo que reluce en los dominios de Alarielle.




Las tres figuras desmontaron entre las brumas de un claro enfermo. El bosque exhalaba podredumbre. Las lianas apenas se mecían, escuchando.

- Padre, he acudido a ti tras grandes esfuerzos, con las levas de Nagarythe que reclamaste. No me ofreces vino y láudano en el campamento, sino que me arrastras a este sitio de mierda. ¿Acaso no he cumplido ya?

El mago le espetó:

- Bastardo. No confundas obediencia con mérito. Desempeña el cometido que te he asignado y ahórrame el espectáculo de tu ingratitud.

Anathar, líder de las doncellas de Avelorn y de la hueste de la Reina Eterna, intervino: 

- Agradezco tu apoyo, mago Iriel y el de los tuyos, no comprendo aún por qué deseas establecer un culto del placer en Nagarythe. Sospechaba que os reproducíais como los orcos. 

- No te falta razón, querida. La reproducción convencional me resulta supérflua, contraria además a los votos que ofrecí a Cegorach. Mi primogénito, aquí presente fue concebido mediante arquitectura arcana, no por impulsos animales.

Los cultos que lidera la madre del Verdadero Rey son instrumentos políticos, catalizadores para la secesión del reino sombrío. Todo sistema necesita de estas contradicciones para fracturarse.

Aun así, temo por la seguridad de nuestro plan. Tu superiora es poderosa. ¿Cómo podremos sabotear el péndulo orbital bajo sus narices?

Anathar esbozó una sonrisa:

- Esa mística, Alarielle, es una gran hechicera, pero también es predecible. Combate únicamente las manifestaciones más evidentes del Caos y se distrae además con vanidades románticas. ¿Puedes creer que, después de haberse follado medio reino, ahora suspira por Tyrion? Las pasiones la gobiernan. Por eso yo dirijo sus ejércitos.

Algo se movía entre los helechos, demasiado pesado para ser un animal menor. El joven habló intranquilo: 

- Nos dirigimos a una muerte segura, mi señora Anathar. En el camino a vuestro campamento abatimos a siervos de Morghur, el cáncer de los bosques. La jungla está infestada.

- Lo sé - cortó ella - Y no será el único adversario. Por eso hemos conducido a Alarielle hacia esas bestias. Es eficaz cuando se la señala un enemigo claro.

- ¿A qué precio? Quedaremos diezmados. - insistió el joven, alzando la voz para imponerse al zumbido creciente - Y si desestabilizamos el péndulo orbital, el meteorito de piedra bruja caerá, y la entropía resultante…

- …nos dará Nagarythe, - interrumpió Anathar- y las bestias de Avelorn, animadas por el Caos, serán los mejores botines para las cazadoras de Anath Raema. 

La jungla se cerró un paso más en torno al claro. Algo exhaló entre los troncos.

Anathar se movió sin previo aviso. Hundió su daga plateada en los ojos del joven. A continuación clavó la hoja en su brazo derecho, inutilizándolo.

Iriel no apartó la vista y habló impertérrito ante los gritos: 

- Mi hijo y leal servidor cumplirá su propósito y atraerá a las bestias del bosque hacia nuestro campamento. Si el enfrentamiento con la abominación debilita a Alarielle, tu regencia de Avelorn quedará garantizada durante años. 

- Marchemos - ordenó Anathar - mantendré informadas también a las huestes de Yeldor Úrëo.

Las dos figuras abandonaron el claro. El elfo cegado aullaba y trastabillaba entre las raíces que buscaban sus tobillos, diseminándose sus gritos en el fragor de la espesura palpitante.

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