viernes, 4 de septiembre de 2026

[Trasfondo] La bendición

 ¡Buenos días! Es bastante común que en los relatos de trasfondo de Warhammer Fantasy tengamos más oscuridad que otra cosa, pero de vez en cuando hay algo de esperanza, como la que tenía la cruzada liderada por Morgiana que Fran el Calvo empleó en el torneocampaña de Puertos del Viejo Mundo.





La tranquilidad en el campamento era un mal presagio; el silencio en el ambiente en aquellos tiempos no podía significar nada bueno, ya que los vientos de paz profetizaban tiempos de guerra. Los caballos se sentían extraños: no relinchaban ni se agitaban, pero los caballeros más veteranos notaban cómo sus monturas percibían algo que ellos no llegaban a advertir.

Este ambiente insólito generó una tensión en los caballeros allí reunidos, no por una sensación de peligro inmediato, sino más bien por la incertidumbre sobre aquello que estaba alterando el sentir de sus monturas.

Los momentos de vacilación fueron breves, tan fugaces como una poderosa carga sobre el frente rival. La luz del amanecer tomó un cariz esmeralda y el agua de las pequeñas fuentes comenzó a agitarse, no con vehemencia, sino con una cadencia armónica, hipnótica, casi poética, que transmitía calidez y templaba el pecho con sólo contemplarla.

El grupo de peregrinos, que se encontraba sentado junto a una de las fuentes, se acercó a su reliquia más preciada al escuchar un repiqueteo suave de sus campanas, provocado por la leve caricia de una ráfaga de viento que se había despertado de la nada.

Una vez junto al caballero caído, vieron cómo el cáliz que éste portaba comenzó a derramar un agua con perfume floral, cuando instantes antes había estado vacío. Esto, unido al súbito encendido de sus velas de manera inexplicable, les hizo agitarse alrededor de su reliquia y arrodillarse conmovidos ante ella por semejante acción divina.

Sin tiempo a reaccionar al alboroto que estaban generando los peregrinos, una inesperada aparición erizó el vello de todos los allí presentes y humedeció los ojos del caballero más recio. Sin previo aviso y con un galope rápido, Morgiana atravesó la entrada del campamento junto a sus guardianes del Grial, Santos en vida de porte divino. 

Inicialmente no hizo falta que hablase: todos sabían que la seguirían al fin del mundo y de los tiempos si fuera necesario, pues no estaba allí como mujer, sino como eco viviente de la mismísima Dama del Lago.

La sola visión de su figura acompañada por su escolta, y la mirada que dedicó al campamento mientras lo recorría a lomos de su inseparable Silvaron, fue suficiente para que los caballeros comenzasen a ensillar sus monturas y preparar sus armas y armaduras. Incluso uno de los caballeros de pegaso allí presentes alzó el vuelo, raudo, para convocar su pequeña leva de cazadores y escuderos, pues hasta el más humilde arco y lanza habría de ser útil en los designios de la Dama.

Una vez estuvieron todos preparados, y con Morgiana en el centro de su nueva compañía, descendió grácilmente de Silvaron. Con una voz suave, como la caricia de una damisela antes de la batalla, pero firme, cual impacto de lanza en armadura rival, anunció:

-Sólo los puros de intención soportarán la mirada de la Dama y aquellos que perseveren hasta el final recibirán mi bendición y si son dignos beberán del Grial. El cielo ya no es augurio de esperanza. Se ha tornado en un campo de engaño, ya que el Cometa de Dos Colas arde como herida abierta sobre nuestro firmamento.

Los caballeros más fervorosos comenzaron a derramar lágrimas, especialmente el grupo de andantes allí reunidos, debido a las largas jornadas que habían invertido en la búsqueda del Grial. Por otro lado, aquellos con un ápice de duda sufrieron un miedo similar al que se tendría frente al más imponente rival.

Previo a su partida, los caballeros allí presentes prometieron su lealtad a Morgiana. Después de este juramento, el mismo Hada dio de beber a todos los caballeros allí presentes de sus propias manos, elevando su fervor hasta límites inconcebibles. Todo caballero que disfrutó de semejante honra, sintió cómo su armadura se volvía más ligera, su miedo se desvanecía y su cuerpo rejuvenecía con un vigor que no experimentaba desde su época bisoña como caballero novel.

Antes de que el agua rozase sus labios, algunos afirmarían haber visto, reflejado en las propias manos de Morgiana, un cielo en llamas y una sombra bifurcada surcando las estrellas…

El último caballero en beber de manos de la Hechicera fue el caballero de pegaso que regresó tras convocar a los suyos, recibiendo no solo esta bendición, sino también el mismo Favor del Hada. Tras este último ritual, el cielo se oscureció por un instante, como si un ente lejano hubiera sentido el desafío.

Morgiana se subió a Silvaron rauda cual saeta élfica, alzó su báculo y mientras su unicornio se encabritaba proclamó con una voz sobrecogedora:

-No lucharemos solo contra bestias o herejes, también lo haremos contra el engaño que arde en los cielos. Vosotros seréis quienes sostengáis el destino con la pureza de vuestro juramento, ¡Que la Dama nos proteja… y os encuentre dignos!

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