miércoles, 4 de febrero de 2026

[Trasfondo] El Cometa del Cambio

 ¡Buenos días! Hoy no es viernes, pero eso no nos va a privar de un ratito de trasfondo, y es que para ambientar el torneo-campaña narrativo de los compañeros de Puertos del Viejo Mundo, cierto escriba habitual ha trabajado en un trasfondo profano en el marco del Fin de los Tiempos...¿y si...?



Su propio brazo queda consumido en la disformidad tras el último intento de domeñar los vientos de la magia y detener la destrucción; el báculo de Lileath se le cae al suelo y se hace añicos; después, solo queda el Caos. Sus ojos no verían la consumación del Rhana Dandra, el final de todas las cosas, pero este es ya irreversible cuando se le vaporizan de sus cuencas.

Con estremecimiento, Teclis enterró de nuevo aquellas memorias de terror absoluto:

—Nunca perdí la fe en que podríamos hacer frente a la Gran Bestia —dijo en voz alta para conjurar sus demonios—. Decidí mantener la fe en el Cometa de Dos Colas. Qué iluso fui.

El señor de la Ciudad del Sol se mantuvo inmóvil, ponderando mediante su álgebra la verosimilitud de las revelaciones de Lileath que Teclis acababa de compartir en su mente. El tiempo pareció ralentizarse. El elfo miró al maestro de la espada Selandir y a la archimaga Yvannia y les instó a hacer acopio de paciencia. Los tiempos de los slann nada tenían que ver con los del resto de las razas mortales. La estancia permaneció en quietud a excepción del batir de abanicos y el derramar de las ánforas de agua de los eslizones sobre la piel del venerable. Los saurios de la guardia del templo esperaban, pétreos como estatuas, la ocasión de dar la vida por él. La atmósfera tórrida de la zona ecuatorial de Lustria se abatía sobre los tres visitantes, cuyos ropajes estaban empapados de sudor. En el exterior se oyó el aterrizaje de bestias aladas, seguramente terradones de los nidales del nivel superior del zigurat. Más lejano, en el corazón de la jungla, atronó el rugido de un fiero reptil.

«Todas las iteraciones y ramificaciones de la Gran Matemática conducen a la misma conclusión. ―La conciencia del cacique Mazdamundi de Hexoatl inundó la mente de Teclis y se comunicó no con palabras, sino en el idioma universal del pensamiento. Sus labios no se separaron un ápice, ni tampoco movió ninguna otra parte del cuerpo, en reposo total sobre un trono que levitaba a unos palmos de la superficie de un estanque. Por tanto, sus compañeros Selandir e Yvannia no tenían manera de conocer las funestas intenciones que el mago-sacerdote estaba a punto de revelarle telepáticamente—. El Gran Plan ha fracasado. Solo cabe dar inicio el Éxodo».

El  señor del conocimiento de la Torre Blanca de Hoeth quedose sin aliento tras el contacto con tan poderoso intelecto, uno que había conocido los albores de la creación y que incluso había contribuido a izar sus montañas y llenar de agua sus océanos. Tuvo un atisbo, tal vez por cortesía del slann, de las centenares de fórmulas matemáticas y algoritmos que este había calculado en segundos para sustentar su veredicto. No había anomalía en ellos. Pero sus conclusiones implicaban lo contrario de lo que había acudido a buscar a Lustria: la deserción total de los hijos de los Ancestrales. Si esto sucediera, sería imposible detener el Fin de los Tiempos. En su mente, protestó:

«No podéis abandonar este mundo a su suerte. ¿Entregaríais la obra de los Ancestrales al Caos?»

«La suerte echada está. La del Éxodo es la única fórmula del Gran Plan que queda sin truncar. Cuando la Lengua de Sotek reaparezca en el éter, los hijos de los Ancestrales no seguiremos aquí».

Teclis se aclaró la garganta y trató de jugar su última baza. Contestó, esta vez a viva voz y con tono enigmático:

—El Cometa de Colas Gemelas, la Lengua Bífida de Sotek, no tiene por qué regresar a Mallus.

Los ojos de Mazdamundi se entornaron, todo su intelecto volcado en descifrar el acertijo:

—La variable «Lengua de Sotek» no altera el resultado del álgebra matricial del Gran Plan―  respondió, de palabra también. Teclis pudo entenderlo con sus nada despreciables conocimientos del lenguaje saurio.

―La variable «Lengua de Sotek» no —admitió—. Pero la variable «Tzeentch» sí.

Hasta entonces, el único movimiento del slann durante el intercambio había sido el de sus labios y sus párpados. Sin embargo, el nombre de aquel atávico adversario causó que todo su cuerpo se revolviera en su trono flotante, visiblemente incómodo. Selandir e Yvannia, que volvían a ser partícipes de la conversación ahora que esta tenía lugar fuera de las mentes de aquellos prodigiosos hechiceros, se miraron con gran desazón. En particular el maestro de la espada.

—Explicaos —exigió el cacique Mazdamundi.

―Recientemente, di con las teorías de un astromante humano del Colegio Celestial, un tal H. Mensch, que expone que el Cometa de Dos Colas, como los demás fenómenos astrológicos, no puede ser algo reactivo a un evento terrenal sino, acaso, ser su misma causa. En otras palabras: su tránsito por los cielos de Mallus no advierte sobre la inminencia de una tormenta del Caos, sino que la desencadena. Si elfos, hombres, enanos e hijos de los Ancestrales lo interpretamos de otro modo, incluso como portador de esperanza ante las tinieblas, es porque se nos ha engañado desde la guerra de la Gran Catástrofe para que pensemos tal cosa.

Mazdamundi cerró los ojos para replegar todo su intelecto con objeto de verificar aquellas informaciones. Al cabo de un rato, contestó:

―La única solución válida para esta incógnita es que el cometa no forme parte del Gran Plan. De ser así compartiría naturaleza con la luna oscura, pero en una magnitud muy superior.

Teclis asintió:

—Concuerda con la teoría de Mensch. Si el cometa está compuesto por piedra de disformidad en estado puro, su proximidad originaría las fluctuaciones de los vientos de la magia que avivan las tormentas del Caos.

—Hay más —anunció Mazdamundi, elevando sus ojos hacia el techo abovedado mientras continuaba con sus cálculos—. La órbita del cometa se ha ido acortando con el devenir de los siglos. Cada vez tarda menos tiempo en regresar y pasa a menor distancia del planeta. Estimo que en siete ciclos podría llegar a colisionar, con una energía que sería entre 0,68 y 0,72 veces la desatada por la implosión de los portales de los polos en la Gran Catástrofe.

—El mundo, próspero y fortificado entonces, estuvo al borde de la ruina. ¿Podrá, en sus condiciones actuales, dividido y roído en sus cimientos, sobrevivir a una segunda Gran Catástrofe?

—Basta la ecuación más sencilla para responder esa pregunta: no. Aunque en ocasiones, son los resultados de esta clase de operaciones los que, en su simplicidad, permanecen ocultos a nuestros ojos… Ahora puedo verlo con claridad. Por mucho que me cueste admitirlo, las tablillas sagradas de la ciudad templo de Chaqua, que pronosticaban el advenimiento de Sotek mediante la aparición celestial de su Lengua Bífida, fueron adulteradas por uno de los dos adversarios que la arrasaron en aquel tiempo aciago: el Señor de la Transformación Kairos Tejedestinos. Son fraudulentas. La marca de Tzeentch, su amo, ¿no es acaso un orbe con dos colas llameantes?

Teclis se sobresaltó con las conclusiones de su interlocutor:

—Creo que estáis en lo cierto. Ahora lo veo tan evidente que resulta inexplicable nuestra ceguera. ¿Cómo han podido perdurar milenios enteros esa mentira y aquellas que han embaucado a elfos, enanos y hombres sobre el Dragón de Colas Gemelas?

—Esta nueva variable causa una sucesión de cambios concatenados en el algoritmo del Gran Plan. Si la teoría que exponemos fuese cierta, la nulificación del factor de la Lengua de Sotek…

—Prevendría el Fin de los Tiempos. Al menos tal y como está profetizado. Mallus podría salvarse. Por eso hemos venido en busca de vuestro consejo, venerable. Antaño los Ancestrales lograron enderezar la órbita del planeta. Bastaría un ápice de ese poder para desligar el vuelo del Cometa del Cambio de nuestro hogar. Ignoro si sería posible emular tales hazañas en su ausencia.

—Puede hacerse. Hay una instalación. Atlaxi-Zol: el Péndulo Orbital. Cerca de la gran cordillera de las Tierras del Sur, a la altura de la ciudad templo de Tlaqua. Una instalación olvidada formada por un racimo de geosinapsis donde hace diecisiete milenios mi maestro, el venerable cacique Kroak, asistió al mismísimo Ancestral Tepok para reposicionar este mundo dentro del sistema planetario. —Mazdamundi volvió a evadirse en su aritmética, pero esta vez compartió los resultados a medida que iba calculándolos—. Estimo que un cambio brusco de al menos doce grados y medio en el eje planetario de rotación tiene entre el 97,5 y el 98% de posibilidades de catapultar el Cometa del Cambio al Vacío-que-hay-más-allá. La probabilidad de regreso de allí tiende al 0,00%. Nutriéndome de la energía almacenada en la red geomántica, yo podría…

El maestro de la espada Selandir desenvainó y se abalanzó con celeridad sobre el slann. Llegó a él pasando por encima de la barrera de guardias del templo en un prodigioso brinco que pilló a todo el mundo desprevenido. El metal silbó al cortar el aire en busca de la garganta de su víctima pero, tras un fogonazo, un caparazón de luz lo detuvo e impidió el derramamiento de sangre. La propia hoja comenzó a arder de manera antinatural, tratando de penetrar aquella defensa mágica para degollar a su víctima. No era un arma común. La guardia del templo se volteó al instante para auxiliar a su señor, pero fueron demasiado lentos. Más ágiles, los eslizones saltaron sobre el agresor sin temor alguno a perder la vida en el proceso. Y así fue: bastó un gesto de la mano libre del elfo para calcinarlos a todos en llamas añiles.

—¡La hoja está envuelta en fuego infernal! —avisó Teclis, estupefacto por la traición, mientras concentraba toda su voluntad en succionar las energías mágicas que vibraban en su filo.

Más pragmática, Yvannia conjuró la ira de Khaine, pero Selandir extinguió sus llamas antes del impacto. Llegaron los primeros saurios blandiendo sus alabardas amenazadoramente. Pero, para sorpresa de todos, de las cenizas humeantes de los eslizones nacieron unas criaturas inenarrables, amasijos azules y rosas con un número variable de brazos, bocas y tentáculos, y los embistieron. El escudo de los Ancestrales que envolvía a Mazdamundi parpadeaba al borde del colapso. El slann, no obstante, era el único que permanecía sereno en mitad del maremágnum.

Un chasquido cristalino señaló el momento en el que la espada flamígera venció la última resistencia y se incrustó en el cuello de su víctima, desatando dos perturbadores erupciones de sangre oscura, tanto hacia la bóveda del techo como hacia el estanque, cuyas aguas se enturbiaron en el acto. Yvannia desistió de lanzar su siguiente hechizo ante el riesgo de herir al slann. La guardia del templo había aniquilado a la mayor parte de sus enemigos demoníacos, pero hallábase aun lejos de Selandir. Este, por su parte, se giró hacia Teclis y lo pulverizó con una mirada de odio:

—¡Condenado elfo! —insultó, al percatarse de que su sello de Vaul había anulado las maldiciones del arma justo antes de que esta hiriera a Mazdamundi. En un instante se deformaron sus facciones y quedaron ensombrecidas por una oscuridad: la del rostro del Cambiante, el demonio embustero de Tzeentch―. ¡Todos tus caminos conducen a un mismo sitio: al vientre de Slaanesh!

—Y los tuyos, xlanax, a un viaje sin retorno a tu reino —sentenció el señor de Hexoatl con autoridad, sin dar importancia al flujo negruzco que manaba de su garganta. Abriendo sus manos practicó un exorcismo perfecto que desterró en el acto a su agresor y a todos sus acólitos. Simultáneamente, usó la misma luz para devolver toda su sangre al interior de la herida y restañarla. El estanque recuperó su transparencia. La elegancia con la que el slann manipuló el viento de Hysh dejó boquiabierta a Yvannia e incluso al propio Teclis.

Con una imperturbabilidad inconcebible en alguien que acaba de ser degollado, Mazdamundi ordenó:

—No hay tiempo que perder: el Caos ya se ha puesto en movimiento. Y pronto, otras facciones lo harán. Ensilladme a Slaq y convocad a Kroq-Gar. Hemos de ser los primeros en llegar a Atlaxi-Zol. Al Péndulo Orbital.

2 comentarios:

  1. ¡Gracias por la difusión! Con ganas del evento y de que la gente participe de este proyecto.

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  2. Me ha flipado tanto el concepto como la narración. Ahora quiero leer más!

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