viernes, 27 de marzo de 2026

[Trasfondo] El Último Viaje de Ardath

  ¡Buenos días! El trasfondo que vamos a compartir hoy del VII Torneo Leyendas en Miniatura es todo un guiño a los jugadores más veteranos, y es que Luis Camacho eligió traer una lista inspirada en los (altos) elfos de la campaña de La Venganza de Drong. Puntos de estilo para él, sin duda.





El viento del amanecer soplaba con aroma a sal y hojas antiguas. Las olas rompían suavemente contra los muelles de Tol Elsar, la isla de los altos elfos más cercana al Viejo Mundo, donde el tiempo parecía haber olvidado correr. Allí, sobre una terraza de mármol blanco, el general Ardath contemplaba el horizonte. Sus cabellos plateados, antaño símbolo de gloria y juventud, caían ahora sobre un rostro marcado por siglos de Habían pasado más de quinientos años desde la última vez que cruzó el mar, acudiendo a la llamada de su rey Fénix Caledor II que reclamaba a todos los colonos del viejo mundo regresar a Ulthuan para hacer frente a los enanos de Gotrek Rompestrellas que se cernían sobre su ancestral hogar. Desde entonces, juró no volver a empuñar la espada más allá de las costas de los Asur al ver la amenaza que suponían las demás razas que intimidaban la tierra sagrada de sus antepasados.

Pero el juramento debía romperse.



Un mensajero de las Tierras del Este había llegado hacía tres lunas: las sombras renacían, los reinos humanos se desmoronaban, y el nombre de un mal ancestral volvía a escucharse en los susurros del viento… el legendario Khor Doh… Los Señores del Conocimiento habían decretado que los elfos no podían permanecer ajenos esta vez.

A su lado, abrigado con una túnica que parecía un cielo de estrellas en la tierra y engalanado con una diadema de plata pura en la frente, el archimago Tethan, su amigo y confidente, observaba el mismo mar con ojos cansados.
—Hace mucho que no te veía dudar, viejo amigo —dijo con voz pausada, grave como el rumor de los árboles.
Ardath suspiró, sin apartar la vista del horizonte, acariciando el amuleto ámbar que caía en su pecho, reliquia de sus parientes de Hoeth.
—No dudo… sólo temo. No por mí, sino por lo que este viaje traerá de vuelta.

Tethan sonrió, una sonrisa triste, como la luz del crepúsculo entre ramas muertas.
—El pasado no puede ser olvidado, Ardath. Pero sí puede ser redimido.

Los dos subieron a bordo del navío Estrella de Idriel, un barco forjado con madera encantada que apenas envejecía. Las velas, bordadas con runas antiguas, se desplegaron al soplo de los vientos del norte. Los guerreros elfos guardaron silencio mientras el general abordaba; todos sabían que aquel era un viaje sin promesas de retorno.

Cuando el barco comenzó a alejarse del muelle, Ardath miró por última vez la isla a la que durante los últimos tiempos se había atrevido a llamar hogar. Los acantilados de cristal, las torres blancas, los bosques de hojas plateadas... todo aquello que había jurado proteger se difuminaba en la bruma.


Tethan se acercó a su lado.
—¿Recuerdas la última vez que navegamos juntos? —preguntó con una chispa de ironía.
—Recuerdo que casi morimos —replicó Ardath, y por primera vez en siglos dejó escapar una breve risa.
—Entonces fue un buen viaje —dijo el mago, ajustándose la túnica­­—Con nuestras bodegas rebosantes de orgullo y gloria.

El general asintió, y con voz baja, casi un rezo, murmuró:
—Que los dioses nos guíen otra vez a través de las sombras.

Mientras el sol se alzaba sobre el mar, Ardath partió una vez más a la guerra. El eco de su nombre, olvidado por los hombres, pero temido por los demonios, cruzó los vientos del océano. Y el mundo, una vez más, se preparó para recordar por qué los elfos eran los primeros y los últimos guardianes del alba.

La Estrella de Idriel surcaba el océano bajo un cielo gris. Las velas temblaban con los vientos cambiantes del oeste, y el canto de las gaviotas se desvanecía en la distancia. El viaje apenas comenzaba, pero el silencio entre los marineros era pesado, casi sagrado.

En la proa, Ardath permanecía de pie, el rostro vuelto al horizonte, cuando Tethan rompió el silencio con suavidad, como quien teme despertar un sueño—No recordaba esa mirada tuya —dijo el mago—. Es la misma que tenías la noche en que cayó Eldroth.

El nombre golpeó el aire como una campana rota. Ardath no respondió de inmediato; sólo bajó la cabeza, y el recuerdo lo arrastró hacia el pasado, a un tiempo en que el mundo de los elfos aún tenía esperanza.

Recordó al Príncipe Eldroth , joven, valeroso, con los ojos como el cielo antes de la tormenta. Fue él quien los condujo al viejo continente en una promesa de prosperidad en Tol Eldroth. Fue él quien había unido a los elfos de las colonias dispersas, quien creía que incluso los humanos, efímeros y frágiles, merecían la protección de los elfos y los enanos, rencorosos y firmes, podían ser llamados mellon.

Y fue él quien murió en la Batalla de Krag Bryn ante el enano Drong el Duro, rey de Kazad Thrund, en su impía venganza, cuando el sol se apagó por tres días.

—Aún veo su estandarte —susurró Ardath—. Blanco y oro, ondeando sobre los cuerpos caídos. Juré protegerlo, Tethan. Juré no dejar que tocara la muerte.
—Y lo cumpliste —respondió el mago con calma—. Lo llevaste de vuelta tú mismo, cuando todos huían. Ningún juramento roto hay en eso.

El general cerró los ojos.
—Lo llevé muerto. Ulthuan no merecía verlo así. Ninguno de nosotros merecía seguir, mientras él…

Tethan apoyó una mano sobre el hombro de su amigo.
—Eldroth sabía que moriría. Me lo confesó antes de la batalla. Dijo: “Si caigo, que Ardath viva. Que uno de nosotros recuerde.”

El mar rugió en torno a ellos, como si el océano mismo escuchara aquel nombre antiguo. Las nubes se abrieron un instante, dejando pasar una luz dorada que bañó las aguas.
—Mira —dijo Tethan—. Él siempre fue un hijo del amanecer.

Ardath levantó la vista, y por un momento el brillo del sol sobre las olas le pareció un estandarte blanco, flameando entre la espuma.
—Entonces que su memoria guíe nuestra espada —murmuró—. Si Eldroth creyó que valía la pena morir por el Viejo Mundo, quizá aún haya algo allí que valga la pena salvar.

Tethan asintió, y juntos, bajo aquella luz que parecía traída por los dioses, los dos viejos elfos sellaron su juramento renovado.
El espíritu del príncipe caído viajaba con ellos, invisible pero presente, como una llama que se niega a extinguirse en la noche.

La mirada de Aldrath repasaba el mar, esperando que no tardara en aparecer la costa sobre la que desembarcaría su ira. Sin embargo, ante tanta calma, sintió un pinchazo en el pecho. Algo llamó su atención, una presencia oscura y dolorosamente familiar que atormentaba a su estirpe y que hizo que sus sentimientos pasaran en un segundo de la nostalgia a la rudeza, del añoro a la decisión. Allí en la lejanía apareció, sobre las crestas de las olas como una sombra que llega antes que la tarde, como una daga envuelta en un abrazo..

Desenvainando su espada con un sonido que cortaba el aire gritó a sus soldados, quienes ya sabían lo que acontecía a continuación y estaban preparando sus armas antes siquiera de recibir orden alguna — Nuestra lucha va a comenzar antes de pisar tierra, está a punto de comenzar nuestro primer choque ¡Timonel!¡Ponga rumbo hacia el Arca Negra!

-Te sigo, Ardath- se limitó a decir el archimago mientras sus ojos centelleaban con una luz que no era de este mundo.

Y así, sobre el mar interminable, Ardath y Tethan marcharon una vez más hacia la guerra, siguiendo el eco del nombre que los unía a su pasado:
Eldroth, señor de Tol Eldroth.



  • Archimago de nivel 4 con Honor Puro de Corazón, Honor Mago Vidente, Anillo de la Ira y Rubí Crepuscular

  • Noble en corcel élfico con barda de Ithilmar, con lanza de caballería, armadura de dragón, escudo y Gema Radiante de Hoeth
  • Mago de nivel 2 con 2 Pergaminos de Dispersión y Vara de Plata

  • 10 arqueros
  • 16 lanceros con grupo de mando
  • 16 lanceros con grupo de mando y Estandarte del León

  • 9 príncipes dragón de Caledor con grupo de mando, Estandarte de la Templanza y Amuleto del Fuego Purificador
  • 2 carro de Tiranoc
  • 5 sombríos con dos armas de mano

  • 2 lanzavirotes Garra de Águila
  • 1 águila gigante

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