¡Buenos días! El trasfondo que vamos a compartir hoy del VII Torneo Leyendas en Miniatura es todo un guiño a los jugadores más veteranos, y es que Luis Camacho eligió traer una lista inspirada en los (altos) elfos de la campaña de La Venganza de Drong. Puntos de estilo para él, sin duda.
El viento del amanecer soplaba con aroma a sal y hojas antiguas. Las olas rompían suavemente contra los muelles de Tol Elsar, la isla de los altos elfos más cercana al Viejo Mundo, donde el tiempo parecía haber olvidado correr. Allí, sobre una terraza de mármol blanco, el general Ardath contemplaba el horizonte. Sus cabellos plateados, antaño símbolo de gloria y juventud, caían ahora sobre un rostro marcado por siglos de Habían pasado más de quinientos años desde la última vez que cruzó el mar, acudiendo a la llamada de su rey Fénix Caledor II que reclamaba a todos los colonos del viejo mundo regresar a Ulthuan para hacer frente a los enanos de Gotrek Rompestrellas que se cernían sobre su ancestral hogar. Desde entonces, juró no volver a empuñar la espada más allá de las costas de los Asur al ver la amenaza que suponían las demás razas que intimidaban la tierra sagrada de sus antepasados.
Pero el juramento debía romperse.
Un mensajero de las Tierras del Este había llegado hacía tres lunas: las
sombras renacían, los reinos humanos se desmoronaban, y el nombre de un mal ancestral volvía a
escucharse en los susurros del viento… el legendario Khor Doh… Los Señores del
Conocimiento habían decretado que los elfos no podían permanecer ajenos esta
vez.
Los dos subieron a bordo del navío Estrella de Idriel, un barco forjado con
madera encantada que apenas envejecía. Las velas, bordadas con runas antiguas,
se desplegaron al soplo de los vientos del norte. Los guerreros elfos guardaron
silencio mientras el general abordaba; todos sabían que aquel era un viaje sin
promesas de retorno.
Mientras el sol se alzaba sobre el mar, Ardath partió una vez más a
la guerra. El eco de su nombre, olvidado por los hombres, pero temido por los
demonios, cruzó los vientos del océano. Y el mundo, una vez más, se preparó
para recordar por qué los elfos eran los primeros y los últimos guardianes del
alba.
La Estrella de Idriel surcaba el océano bajo un cielo gris. Las velas
temblaban con los vientos cambiantes del oeste, y el canto de las gaviotas se
desvanecía en la distancia. El viaje apenas comenzaba, pero el silencio entre
los marineros era pesado, casi sagrado.
En la proa, Ardath permanecía de pie, el rostro vuelto al horizonte, cuando
Tethan rompió el silencio con suavidad, como quien teme despertar un sueño—No
recordaba esa mirada tuya —dijo el mago—. Es la misma que tenías la noche en
que cayó Eldroth.
El nombre golpeó el aire como una campana rota. Ardath no respondió de
inmediato; sólo bajó la cabeza, y el recuerdo lo arrastró hacia el pasado, a un
tiempo en que el mundo de los elfos aún tenía esperanza.
Recordó al Príncipe Eldroth , joven, valeroso, con los ojos como el cielo
antes de la tormenta. Fue él quien los condujo al viejo continente en una
promesa de prosperidad en Tol Eldroth. Fue él quien había unido a los elfos de
las colonias dispersas, quien creía que incluso los humanos, efímeros y
frágiles, merecían la protección de los elfos y los enanos, rencorosos y
firmes, podían ser llamados mellon.
Y fue él quien murió en la Batalla de Krag Bryn ante el enano Drong el
Duro, rey de Kazad Thrund, en su impía venganza, cuando el sol se apagó por
tres días.
La mirada de Aldrath repasaba el mar, esperando que no tardara en aparecer
la costa sobre la que desembarcaría su ira. Sin embargo, ante tanta calma,
sintió un pinchazo en el pecho. Algo llamó su atención, una presencia oscura y
dolorosamente familiar que atormentaba a su estirpe y que hizo que sus
sentimientos pasaran en un segundo de la nostalgia a la rudeza, del añoro a la
decisión. Allí en la lejanía apareció, sobre las crestas de las olas como una
sombra que llega antes que la tarde, como una daga envuelta en un abrazo..
Desenvainando su espada con un sonido que cortaba el aire gritó a sus
soldados, quienes ya sabían lo que acontecía a continuación y estaban
preparando sus armas antes siquiera de recibir orden alguna — Nuestra lucha va
a comenzar antes de pisar tierra, está a punto de comenzar nuestro primer
choque ¡Timonel!¡Ponga rumbo hacia el Arca Negra!
-Te sigo, Ardath- se limitó a decir el archimago mientras sus ojos centelleaban
con una luz que no era de este mundo.
Eldroth, señor de Tol Eldroth.
- Archimago de nivel 4 con Honor Puro de Corazón, Honor Mago Vidente, Anillo de la Ira y Rubí Crepuscular
- Noble en corcel élfico con barda de Ithilmar, con lanza de caballería, armadura de dragón, escudo y Gema Radiante de Hoeth
- Mago de nivel 2 con 2 Pergaminos de Dispersión y Vara de Plata
- 10 arqueros
- 16 lanceros con grupo de mando
- 16 lanceros con grupo de mando y Estandarte del León
- 9 príncipes dragón de Caledor con grupo de mando, Estandarte de la Templanza y Amuleto del Fuego Purificador
- 2 carro de Tiranoc
- 5 sombríos con dos armas de mano
- 2 lanzavirotes Garra de Águila
- 1 águila gigante





No hay comentarios:
Publicar un comentario