martes, 17 de noviembre de 2020

[INFORME DE BATALLA] Expedición de castigo (Elfos Silvanos VS Enanos)

¡Buenos días jugones! Van pasando los meses y para la mayoría de nosotros el ritmo de juego se ha detenido o ralentizado enormemente, por lo que disfrutamos con cualquier lance de juego, batallita o narración de viejas afrentas. Pues bien, alabad la Jorgecracia, porque hoy podremos disfrutar de un informe de batalla jugado hace unos meses, en que un contingente enano se enfrentaría a las huestes silvestres de Narbek. Y en un duelo de tapones contra comeflores...¡siempre gano yo! Os dejo en buenas manos.

¡Muy buenas!

 

Hoy os traigo un informe de una batalla entre enanos y silvanos. La partida fue a 1750 puntos, jugada a principios-mediados de septiembre (sí, hace mucho, pero soy muy perro y he tardado un montón en escribirlo). Los contendientes fuimos Isaac, compañero del grupo de Manuscritos de Madrid, con los enanos, y un servidor, al mando de los elfos. ¡Vamos allá!

 

-Así que queréis que os cuente una historia, ¿mmh? –el viejo barbalarga dio unos golpecitos con su pipa en la banqueta en la que se sentaba, vaciando la cazoleta en el polvoriento suelo de la taberna. El fuego de las rugientes chimeneas a ambos lados de la sala iluminaba su arrugado rostro, arrancando brillos de su plateada barba y las pobladas cejas. Todos guardaron un respetuoso silencio mientras el anciano enano rellenaba metódicamente la pipa. La encendió, dio dos largas caladas y expulsó el humo, observando cómo se elevaba indolentemente. Tras un rato de silencio, volvió a hablar- Bien, os la contaré. Pero primero, muchacho, ve a por una buena jarra de cerveza. Y luego abre bien los oídos, puede que aprendas un par de cosas útiles…


Fue hace, mmmh, dos o tres décadas. Los clanes de la superficie estaban pasando una mala racha. Todos los días desaparecían partidas de leñadores; los agricultores eran atacados en sus propias granjas; asentamientos de carboneros fueron completamente arrasados, sus habitantes aniquilados. Sí, malos tiempos aquellos… Y todos sabíamos quienes eran los culpables de aquella sangre derramada: elfos. Grábalo a fuego en tu mente, muchacho, detrás de cualquier perjuicio hacia nuestra raza, suele haber un maldito elfo.


En fin, que las cosas pintaban mal para los clanes. Diezmados como estaban, con los guerreros divididos en grupos de escolta, tratando de proteger a leñadores y agricultores, se veían incapaces de reunir un ejército que acabara con los elfos de una vez por todas. Así que enviaron emisarios a nuestro clan.


Todos saben que el clan Grundikson es un clan guerrero, un clan honorable, y en poco tiempo se reunieron las fuerzas que marcharían a la superficie. No era el ejército más grande en el que he tenido el honor de combatir, pero sin duda era una fuerza considerable: guerreros, ballesteros, rompehierros, máquinas de guerra… Incluso se fletó un girocóptero para la ocasión. Ah, y la joya de nuestro clan: mis camaradas. Todo un regimiento de veteranos, con más combates a nuestras espaldas que los que seríais capaces de contar con vuestros dedos, aunque tuvierais siete manos. A nuestra cabeza, el propio Snorri Grundikson, nuestro señor, acompañado por Kargsson Heldour, el herrero rúnico, y por su mano derecha y portaestandarte, Skalf el Matadragones. Un tipo duro, Skalf…


Marchamos, pues, hacia el lindero del bosque, donde sería nuestro campo de batalla. Sabíamos que los elfos evitarían el combate, pues son cobardes y traicioneros, así que talamos varias decenas de árboles e hicimos una hoguera con ellos, para atraerles a nosotros. No tuvimos que esperar demasiado antes de que aparecieran…

 

DESPLIEGUE


Isaac ganó la tirada para desplegar, por lo que empezó él, sabiendo que conseguiría el +1 a la tirada para comenzar la partida. Ninguno llevábamos magos, por lo que no hubo selección de hechizos. El campo de batalla nos había salido considerablemente simétrico (¡Colocamos las piezas a suertes mediante dados, lo juro!), pero una colina era más amplia y eso interesaba a Isaac para colocar todo su poderío armamentístico; tiramos y ganó él, por lo que se la quedó. Como ya había dos bosques y no me apetecía abusar de ellos, decidí prescindir del bosque adicional; aunque me habría venido bien para cubrir el gran vacío del centro del campo y ganar algo de cobertura, la verdad.


Nota de Cordo: Honorable decisión Narbek. No eres un jugador silvano apropiado.




De su derecha a izquierda, Isaac desplegó un lanzavirotes con ingeniero (representado por un cañon órgano), escoltado por un regimiento de 14 guerreros de clan con armas a dos manos (los martilladores de Avatars). Sobre la colina, un cañón con ingeniero, una unidad de 16 ballesteros y otro lanzavirotes, también con ingeniero. Al pie de la colina, 16 barbaslargas (los guerreros con arma de mano y escudo) con el Señor enano y un Portaestandarte de Batalla. A su lado, 15 rompehierros con el herrero rúnico. Por último, escondido tras el bosque, el girocóptero. Creo que todas las unidades llevaban grupo de mando completo, por lo menos las de cuerpo a cuerpo.



Nota de Cordo: Máquina de guerra con peana...¡golpe de remo!




Nota de Cordo: Girocóptero con peana redonda...¡otro golpe de remo! Isaac que te apunto en el libro de agravios.

Los barbaslargas


 

Por mi parte, empezando por mi flanco izquierdo, coloqué 12 dríades medio metidas en los cultivos (terreno difícil, pero como son hostigadores, pues se la suda les da igual). A su derecha, desplegué una unidad de 10 guardias del Bosque, en fila de uno y algo atrasados por si no empezaba, seguidos de otros 10, en filas de cinco y con la misión de subir la colina en su primer turno. Luego, 8 bailarines guerreros con campeón y un hombre-árbol, delante de ellos. Dentro del bosque, otros 7 bailarines con una noble de la estirpe de los bailarines (mi general, por cierto) y un noble de la estirpe de los cambiantes con Yelmo de la Cacería (+1HA y A en carga) y arma a dos manos (sí, orientado al cuerpo a cuerpo, porque estoy muy loco). Finalmente, 5 jinetes del Bosque con músico, lanza y arco y, tras ellos, 5 jinetes de Kurnous, con músico y armadura ligera. Aparte de los mencionados, no había más grupos de mandos.



Una vez desplegados los ejércitos, coloqué una unidad de 5 exploradores, detrás del bosque de Isaac, gracias a un descuido suyo al colocar el girocóptero demasiado atrás, dejándome un pequeño espacio para poder colocarlos fuera de la vista. También desplegué un noble de la estirpe de los forestales, éste dentro del bosque.


A pesar de haber terminado primero y tener el +1, Isaac pinchó en la tirada para comenzar, por lo que empecé yo.

 

TURNO 1 SILVANOS


La hoguera debía haberles irritado realmente, pues no dudaron en lanzarse a la carrera hacia nosotros, mientras sus arqueros disparaban andanada tras andanada. Preparamos nuestros escudos y nos encomendamos a Grungni. La batalla había comenzado…

 

En la fase de movimiento tiré prácticamente todo para adelante: las dríades movieron en dirección al lanzavirotes, aunque tímidamente, ya que me confundí por un momento, pensando que era de verdad un cañón órgano (lo cual me pasó varias veces durante la partida); los arqueros avanzaron para coger posiciones de disparo; el hombre-árbol y los bailarines marcharon hacia adelante; las caballerías marcharon también, disponiéndose para ir cada una por un lado del bosque de Isaac, seguidas de cerca por el cambiante; los exploradores rodearon el bosque, buscando objetivos; y el forestal se arrimó a la linde, viendo y siendo visto, pero en cobertura. Lo único que no movió fueron los bailarines del bosque, ya que el noble llevaba el Feldespato de los sabios (un solo uso, permite “teletransportar” al personaje y su unidad desde dentro de un bosque a otro bosque del campo de batalla). Pero no lo activé este turno, dejándomelo para el segundo, pensando en que, si el enano avanzaba, podría pillarle más de sorpresa en el segundo turno. Avanzar, un enano… Inocente de mí…


La magia era prácticamente inexistente, con el portahechizos del hombre-árbol como única fuente. Traté de lanzarlo por las risas, pero me lo dispersó, obviamente. Así que pasamos a la fase favorita de cualquier silvano: el disparo.


¡Pues su puta madre, el disparo! Con ambas unidades de arqueros apunté a los ballesteros, con la intención de reducir su número, ya que me preocupaban bastante a la hora de mantener mis frágiles elfos a salvo. Dos unidades, veinte disparos. Resultado: un enano muerto. ¡Un enano! ¡Uno! No tengo ni puta idea de estadística y lo mismo es un resultado en la media o qué sé yo, pero desde luego fue un jarro de agua fría… Luego, los exploradores dispararon a los barbaslargas; sin dar tampoco una, claro. Y ya, para rematar, dispara el noble forestal.


Nota de Cordo: 20 disparos a 4+ por largas, 10 impactos. 10 impactos F3 contra R4, a 5+, 3.33 heridas. Salvan por ligera a 6+ (suponiendo que no lleven escudo), 2.75 muertos. Sí, era más fácil que murieran 3 que 1...


Le había puesto la Garra del cazador (arco largo, si no usa flechas mágicas puede designar objetivos que normalmente no podría, como personajes en unidades), por lo que la aproveché para disparar al herrero rúnico, con la ilusión de que, si me salía un 6 al herir, me lo ventilaba (al ser forestal, los ataques realizados en corta distancia, sin flechas mágicas, tienen golpe letal). Bien, tiro para impactar, voy a 2+, esto está ganao, semos los mejores oe oe, saco un 1. Un puto 1.


Deseando colgarme con la cuerda del arco y sin nada más que pudiera disparar esta ronda, le pasé el turno a mi rival.


Final del turno 1 Silvanos

 

TURNO 1 ENANOS


Con las flechas cayendo a nuestro alrededor y rebotando contra nuestras armaduras, nos pusimos a cantar, golpeando rítmicamente nuestros escudos con las armas, como acompañamiento. ¡Había que demostrar a los orejas picudas que no les teníamos ningún miedo! Los ingenieros prepararon las máquinas de guerra y los ballesteros tensaron las cuerdas de sus armas. Era nuestro turno de devolverles el saludo…

 

Mi rival utilizó su fase de movimiento para reposicionarse muy ligeramente con la mayoría de sus unidades. Los guerreros de su flanco derecho pivotaron para encararse hacia las dríades que se acercaban, mientras que los barbaslargas y los rompehierros movieron unos pocos centímetros hacia delante. Y cuando digo pocos, es que movieron menos de su capacidad básica de movimiento; aquí fue cuando me di cuenta que había hecho el canelo retrasando el “teletransporte” de los bailarines con personaje. El que sí movió toda su capacidad fue el girocóptero, que se colocó al lado del hombre-árbol y los otros bailarines, con un cañón de vapor y muy malas intenciones.


La fase de disparo la inauguró el cañón, apuntando hacia el hombre-árbol y metiéndole un pepinazo directo, haciéndole dos heridas flamígeras, que se multiplican por dos por la regla inflamable y me elimina la salvación especial por ataques mágicos. Malditos tapones…


No contento con haberme quitado 4 heridas de golpe, me disparó con uno de los lanzavirotes. Evidentemente, me acierta; y, evidentemente, me hace las dos heridas que le quedaban. Bye, bye, hombre-árbol; menos mal que los bailarines son inmunes a psicología, que si no ya me los veía corriendo…


Entre disparos al pobre Ramitas, los ballesteros decidieron vengarse de mis arqueros, así que me acribilló a la unidad que no estaba en la colina. Me mató a tres, causándome un chequeo de pánico que superé.


El girocóptero descargó su cañón de vapor sobre el hombre-árbol (antes de que lo convirtieran en pinchito) y tres bailarines, pero por suerte no consiguió herir a ninguno.


Con esto terminó el turno de mi rival, lógicamente contento tras demostrar la superioridad de los proyectiles enanos.


Reposicionamiento del turno 1 Enano antes de la fase de disparo

 

TURNO 2 SILVANOS


¡Qué glorioso sonido! ¡La caída de aquel monstruo resonó por todo el valle, como un trueno! –El viejo enano dio un golpe en la mesa para enfatizar sus palabras y, acto seguido, vació de un trago los restos de su tercera cerveza. Se limpió los bigotes con la manga y continuó- Tráeme otra, chico. Mmmh, ¿por dónde iba? Ah, sí… Los aullidos de rabia y dolor de los elfos alegraron nuestros corazones y, entre nuestras filas, se alzaron vivas a los ingenieros y se hicieron promesas de brindis a su salud. Pero aquello aún no había acabado y nos obligamos a recuperar la calma. Porque cuando un elfo, de natural cobarde y escurridizo, corre directamente hacia ti, ten por seguro que esconde algún sucio truco…

 

Bueno, pues empezábamos el segundo turno y yo ya había perdido una de mis unidades más duras, mis arcos parecían de juguete y me acababa de dar cuenta que había desaprovechado un turno con los bailarines de dentro del bosque. Todo marchaba según el plan…


Empecé mi fase de movimiento con una disyuntiva: podía cargar al girocóptero con los bailarines guerreros, obligándole a huir si no quería perecer irremediablemente y con suerte tenerlo entretenido un turno; pero si lo hacía, me alejaría de los barbaslargas, retrasando también a los Kurnous en el proceso (la idea era combinar la carga de mis dos unidades para aumentar las posibilidades de apalizar a los tapones cascarrabias). Finalmente, declaré la carga. Si conseguía estar un turno sin el cañón de vapor tocándome las narices, merecía la pena. Mi contrincante, evidentemente, declaró que huía.


Por lo demás, las dríades continuaron acercándose al lanzavirotes y otra vez me equivoqué y pequé de precavido, esta vez pensando que era un cañón normal y temiendo la metralla. Los jinetes del Bosque y el cambiante marcharon a través del bosque, colocándose en el flanco de los enanos. Los exploradores se apelotonaron un poco contra el bosque, dejando hueco para que los Kurnous pudieran cargar en turnos posteriores. Estos últimos se recolocaron, apuntando hacia el flanco de los barbaslargas. Al final de la fase, habiéndome dado cuenta del error del turno anterior, activo el Feldespato y “teletransporto” a los bailarines con personaje al bosque del flanco enano. La cara que puso Isaac cuando vio que empezaba a estar rodeado hizo que se me olvidara la debacle del turno anterior.


Con la muerte de Tronqui, me había quedado sin nada de magia, así que pasamos al disparo. Comencé disparando con los exploradores contra el girocóptero. Sí, ya estaba huyendo, pero prefería aumentar las posibilidades de quitarlo de la mesa. Fueron cinco disparos y conseguí colarle una herida, dándome con un canto en los dientes. Continué con el forestal, tratando de repetir la jugada del turno anterior, pero esta vez bien. Disparé, impacté, herí (lamentablemente sin golpe letal), pero el cabrito del herrero salvó la herida. Bueno, al menos le acerté…


Los jinetes del bosque dispararon contra los rompehierros, consiguiendo abatir a uno. Aquí he de hacer un inciso para remarcar lo mucho que me gustan estos tíos: les he visto bajarse a disparos a caballeros negros, minotauros, ogros-dragón, ahora un rompehierro, cargarse en combate a bestigors… Además de ser una mosca cojonera como buena caballería rápida que son. Una jodida maravilla y una unidad muy infravalorada en este ejército. En fin, volvamos a lo que iba…


El cambiante disparó su arco sin hacer nada y, por último, los 17 arqueros que me quedaban volvieron a disparar a los ballesteros, matando otros dos. Íbamos mejorando.

Sin nada más que hacer en mi turno, pasé el testigo a mi rival.


Final del turno 2 Comeflores

 

TURNO 2 ENANOS


Las flechas seguían cayendo a nuestro alrededor y desde detrás del bosque llegaban jinetes de refuerzo para los elfos, pero aquello no mermaba nuestro ánimo; sobre todo, cuando ya podíamos ver el blanco de los ojos de nuestros enemigos. Mientras el girocóptero cumplía su labor atrayendo parte de sus fuerzas, dividiéndolas, los demás nos preparamos para la hora del hacha y el martillo, deseosos de vengar a nuestros parientes de la superficie, tan injusta y traicioneramente asesinados.


Isaac, como buen jugador enano, finge que mueve

No hubo declaraciones de cargas, así que Isaac pasó directamente a reagrupar el girocóptero, dispuesto a seguir tocándome las narices con él. Pero Grugni tenía otros planes, ya que falló el chequeo (¡con liderazgo 9! Al final es mejor ser goblin) y siguió huyendo hacia el borde más cercano. Tanta prisa tenía por irse, que se quedó a solo 2 centímetros de hacerlo. Menos mal que llevábamos la mascarilla, porque la sonrisa que se me puso fue muy poco deportiva.


En el resto de movimientos, se dedicó a reorganizar unidades: los guerreros del flanco derecho, se giraron buscando ángulo de visión contra las dríades; los barbaslargas se colocaron dando el frontal a los Kurnous, mientras que los rompehierros se encararon contra el mogollón que venía desde el bosque.

La fase de disparo comenzó con los ballesteros en su guerra particular contra los arqueros, matando dos más de la unidad previamente mermada. Por suerte, volví a superar el chequeo, demostrando que los rumores sobre la cobardía élfica no son más que patrañas.


El cañón, por su parte, disparó contra las dríades, pero sacó Problemas. Al llevar ingeniero, pudo repetir la tirada, pero le salió un 25, yéndose de madre la estimación, con la bala pasando por encima de las cabezas de las confusas dríades. Los lanzavirotes tampoco consiguieron matar a nadie, ya fuera por fallar la tirada de impactar o la de herir, no recuerdo.


Nota de Cordo: Aquí cometieron un error. El ingeniero en un cañón permite repetir la tirada de problemas. La de la tabla de problemas, no el dado en que salen problemas. Lo que permite repetir el dado de artillería es la Runa de la Forja.


Y aquí vino una sorpresa inesperada. Isaac me anunció que su señor enano llevaba la Runa del vuelo en su martillo, por lo que me lo lanzó cual dios nórdico, apuntando directamente contra mi forestal. Gracias a los dioses, mi personaje estaba fuera de rango por un par de centímetros, librándose por los pelos.


Tras un segundo turno que contrastaba totalmente con el primero, en cuanto a lo que suerte se refiere, me volvía a tocar a mí.


Final del turno 2 de los enanos

 

TURNO 3 SILVANOS


Daba la sensación de que los malditos habían perdido su ímpetu inicial, parecían vacilar ante nuestros muros de escudos. Y no es de extrañar, ¡por Grungni! Pues no hay vista más hermosa que la de las filas de nuestros guerreros ni sonido más temible que el de nuestros cuernos y tambores. Aquellos elfos hacían bien en temernos, pues sabían que, en un combate justo, mano a mano, no tienen nada que hacer contra un enano.

 

Y el barbalarga tiene razón. No iba a tirarme de boca contra unidades chapadas hasta las barbas, con filas y estandartes, no así como así. Por lo que este turno no hubo declaraciones de cargas, sino que me dediqué a lo que más me gusta hacer con los silvanos: danzar alrededor de mi oponente.


Las dríades se movieron pegándose al borde de la mesa, dispuestas a cargar el próximo turno contra el lanzavirotes (en este turno por fin recordé que realmente era eso), con la intención de arrasar o perseguir en dirección a la colina, evitando a los guerreros del clan.


En el otro flanco, los jinetes se situaron en lo que, por unos centímetros, era la retaguardia de los rompehierros, mientras que el cambiante se posicionaba en el flanco y los bailarines en el frontal. Los Kurnous se recolocaron ligeramente, amenazando tanto el frontal de los barbaslargas como el flanco derecho de los rompehierros. Los otros bailarines, por su parte, se dedicaron a rodear el lago en busca del flanco de los barbaslargas. Los exploradores buscaron mejor ángulo de disparo y el forestal, aún lívido del susto, se alejó del señor enano y su martillo.


Precisamente, el forestal inauguró la fase de disparo; y por la puerta grande, además. Como la jugarreta del martillo no me había gustado un pelo y aprovechando que el señor enano se me había puesto a tiro, traté de quitarme de en medio al general enemigo de un disparo, como un campeón. Pero volví a sacar un 1 para impactar, como era de esperar. La próxima vez, traigo amerratadoras…


Por su parte, los jinetes y el cambiante dispararon a los rompehierros, sin resultado, y los exploradores mataron un barbalarga. Mientras, los arqueros parecía que cuantos menos quedaban más acertaban, porque mataron 4 ballesteros. Por desgracia, superó el pánico.


Con la satisfacción de saber que la partida se empezaba a poner de mi parte, le pasé el turno a Isaac.


Fin del turno 3 Silvano

 

TURNO 3 ENANOS


¡Y vaya si lo sabían, los malnacidos! Nos rodearon como cobardes, dispuestos a atacarnos por la espalda… ¡Bah, háblale de honor a un elfo! –el viejo enano lanzó un escupitajo despectivo al suelo. Una serie de gruñidos de asentimiento se extendió entre su audiencia, mientras él vaciaba la novena jarra- Pero no nos amedrentamos, no señor. Golpeando nuestros escudos con las armas, les esperamos orgullosos y desafiantes.

 

Sabiendo la que se le venía encima, la fase de movimiento fue de minimización de daños. Los rompehierros retrocedieron todo lo posible, para que la carga de los jinetes fuera de flanco en lugar de retaguardia. Los barbaslargas no recuerdo si se movieron muy poco o se quedaron quietos, pero tampoco fue relevante. Los guerreros del otro flanco se reposicionaron para contracargar a las dríades si era posible. Y, para mi desgracia, el girocóptero se reagrupó, aunque este turno se tendría que conformar con mirar con el ceño fruncido desde lejos.


En el disparo, el cañón hizo exactamente igual que el turno anterior: disparó a las dríades, sacó Problemas, repitió, sacó un 25 y el disparo se fue de la mesa.


Nota de Cordo: Ver nota de Cordo anterior.


Los lanzavirotes dispararon a algo, pero, fuera lo que fuese, ambos fallaron con sendos doses, yendo a 3+. Menuda partida nos marcamos los dos en ese aspecto...


Los ballesteros siguieron erre que erre contra la unidad de arqueros, matando a otro más y asegurándose la mitad de puntos.


Por último, Thor el señor del clan quiso lanzar el martillo de nuevo al forestal, pero al no poder elegirlo como objetivo, se lo tiró indignado a un bailarín que veía por el rabillo del ojo, escamochándolo.

Tras un turno bastante frustrante para mi rival, me tocaba de nuevo. Y ya iba siendo hora de pegarse un poquito…


Final del turno 3 de los tapones

 

TURNO 4 SILVANOS


Aullando como las bestias salvajes que son, los elfos se abalanzaron sobre Heldour y sus rompehierros, cercándolos por todas partes. Antes de que pudiéramos decir Bugman, los habíamos perdido de vista y solo nos llegaba el sonido del metal contra el metal y los gritos de los heridos. No sin cierto pesar, por no poder acudir en su ayuda, nos concentramos en los orejas picudas que amenazaban nuestra propia unidad, confiando en que nuestros camaradas pudieran contener la embestida que los golpeaba.

 

Llegó la hora de las tortas. Declaré carga con las dríades al lanzavirotes y, en el otro flanco, con los jinetes, cambiante y bailarines contra los rompehierros con herrero. Lamentablemente, la jugada en turno 2 con el girocóptero (cuando le cargué), había hecho que mi segunda unidad de bailarines no estuviera aún en su puesto, así que tuve que dejar la carga de los Kurnous contra los barbaslargas para el siguiente turno.


Carga de las dríades

El disparo de esta ronda fue anecdótico, con un único ballestero muerto a manos de los arqueros.


Y por fin llegamos al combate. Los jinetes, el cambiante y los bailarines (que habían elegido la danza del golpe letal) masacraron sin piedad a los rompehierros. No recuerdo qué unidad hizo qué heridas, pero el caso es que solo devolvieron golpes el campeón y el herrero (que se había llevado una herida también), para encima no conseguir hacer nada. Con las filas anuladas y sin potencia, su único punto a favor era el estandarte con la Runa de batalla (el equivalente enano al Estandarte de guerra), perdiendo de 6 puntos. Chequeó y falló. Al tener al porta de batalla a rango, repitió la tirada. Y volvió a fallar, así que salió corriendo a toda la velocidad que le permitían sus piernas sin rodillas. Por un momento me planteé si perseguía o no, pues la persecución me llevaría a estamparme contra el flanco de los barbaslargas y, con un turno enano completo por delante antes de que mis Kurnous pudieran acudir para apoyar, me temía salir rebotado. Pero si no perseguía, los rompehierros reagruparían con total seguridad.


Nota de Cordo: Si no perseguía con nada no capturaba estandarte...


Así que perseguí, pero no con todo. Tras tirar un chequeo para evitar que los bailarines persiguieran, los jinetes y el cambiante dieron caza a los tapones huidos. Esto fue un error. Mi idea era que los bailarines pudieran dirigirse hacia las máquinas de la colina en el siguiente turno, además de temerme no llegar con ellos hasta los barbas y quedarme en terreno de nadie, lo cual era un temor estúpido: si Isaac reencaraba a los barbas hacia los bailarines, los Kurnous hubieran pillado su flanco; si no los reencaraba, esos bailarines eran los que lo flanqueaban; incluso, aunque no hubiera tenido a los Kurnous para amenazar, mis bailarines son hostigadores y podían salir de la situación, marchando tranquilamente alrededor del bloque enano. Y de haber llegado, los bailarines son más competentes en combate que los jinetes (que me gustarán mucho, pero las cosas como son). Las típicas cosillas que uno ve luego, ya fríamente… Especialmente, al revisar las fotos, que se ve claramente que hubiera llegado sobradísimo, así que no sé en qué carajo estaba pensando…


Pero bueno, en el momento estaba pletórico. Me había quitado una unidad tocha, dura y cara y ahora tocaba el combate de las dríades, que era pan comido. ¡JA!


Hablamos de que mis doce dríades llegaron al combate, formando un frontal de cinco miniaturas, que son diez ataques de HA4 y F4, por lo que iba a doble 4+. Con que hiciera una baja y él no, le ganaría por potencia y le obligaría a huir por el miedo.  Bien, pues no hice ni una herida. Ni una. Ninguna, cero, nada. Y para rematar la faena, él me mató una dríade, por lo que empatamos y mi plan se fue a tomar por culo, quedándome perfectamente colocado para recibir la contracarga de los guerreros. Ay, mamá, eso iba a doler…


Fin del turno 4 Silvano

Giro de guión de las dríades

 

TURNO 4 ENANOS


Un pesado y solemne silencio se extendió por la sala. Los enanos, cabizbajos, permanecieron callados en respetuoso recuerdo a sus hermanos caídos. Finalmente, con la vista perdida en el fondo de su jarra, el viejo enano continuó, casi como si hablara para sí mismo:

-Heldour era un buen enano… Todos ellos lo eran. Aquellos salvajes los aniquilaron sin piedad, los persiguieron con sus caballos, riéndose mientras les daban caza como a animales, aullando mientras ondeaban las barbas arrancadas…-un creciente murmullo de indignación recorrió la taberna, mientras el barbalarga continuaba- Y entonces se fijaron en mi unidad. Entre gritos, se lanzaron sobre nosotros. Debieron pensar que estábamos asustados, que su brutalidad nos impresionaba lo más mínimo… -la mano del anciano se cerró con mayor fuerza sobre la jarra y levantó lentamente la vista, sus ojos brillando con el fuego de la ira. Cuando habló, lo hizo a través de los dientes apretados por la furia contenida- No podían estar más equivocados.

 

Como era obvio, los guerreros cargaron contra las dríades, superando el chequeo de miedo (reconozco que por un momento guardé la esperanza de que lo fallara y se quedara clavado). Lo demás no movió, a excepción del girocóptero, que se posicionó cerca de los Kurnous y el héroe forestal.


El girocóptero tiene un plan

Y estos señores mala leche


Durante el disparo, el cañón por fin consiguió acertar al disparar contra los bailarines, pero el único bailarín al que acertó salvó la herida con su especial; dicen que en ese momento se vio como el ingeniero del cañón se comenzaba a afeitar la cabeza.


Mientras tanto, los ballesteros sí consiguieron eliminar a tres bailarines y el lanzavirotes a otro más.


Tras matar en disparo a unos pocos bailarines


Y el girocóptero, para compensar el rato que había estado sin hacer nada, roció de vapor a los Kurnous y al forestal, matando a tres jinetes y causándole una herida al héroe. Y que por dos centímetros no se había ido de la mesa el desgraciao…


Comenzamos la ronda de combate por el de las dríades, donde, milagrosamente, no me hizo ni una sola baja con sus guerreros, mientras que mis espíritus masacraban a la dotación (a buenas horas…). Pero sin filas, sin potencias y teniendo mi rival el flanco, perdí el combate por un punto. Chequeé y, como era de esperar en mí, salí huyendo por el borde de la mesa. Maravilloso.


Seguimos con el otro combate, en el que no recuerdo bien qué fue lo que pasó. Sé que él a mí no me hizo bajas y creo que yo logré eliminarle dos barbaslargas, pero él tenía estandarte y potencia. Además, creo que nos equivocamos y contamos sus filas, que debían haber estado anuladas por mi potencia cinco en su flanco. En cualquier caso, dimos el combate como perdido para mí, chequeé y fallé de nuevo; afortunadamente, sin huir de la mesa esta vez.


Barbaslargas supervivientes

Lo que quedaba tras el vapor...

Supervivientes en la colina


Pero no nos daba tiempo a más. Nos habían avisado ya que había que ir recogiendo (por lo que jugamos el turno más deprisa, lo que explica la posible confusión con las filas) y decidimos dejarlo así.


Contabilizamos los puntos y el resultado era una Victoria Marginal para Isaac, gracias principalmente a unos soberbios primer y cuarto turnos, con la caída del hombre-árbol y la escabechina final respectivamente.


Personalmente, disfruté un montón de la partida. Me pareció muy divertida, con un montón de giros y situaciones graciosas, además de un oponente estupendo y muy simpático. ¿Qué más se puede pedir?

Os dejo con el barbalarga, que termine de contar su historia. ¡Nos leemos!


El mejor enano de la partida

Esos cobardes no duraron mucho contra nosotros. Cuando vieron que aquello era un combate justo y que les plantábamos cara, no tardaron en echar a correr. Mientras, en el otro flanco habían conseguido espantar también a los demonios que acompañaban a los orejas picudas. La batalla se decantaba a nuestro favor.


Pronto, sonó un cuerno, así, dos veces, paaaaaaaa, paaaaaaaa, y los elfos echaron a correr de vuelta al bosque, con el zumbido de nuestros virotes persiguiéndoles de cerca, dejando un bonito reguero de cadáveres de elfo hasta la línea de los árboles. Así terminó la batalla.


Y os aseguro que en estas décadas que han pasado, los clanes de la superficie no han vuelto a tener un problema con los orejas picudas. ¡Ja! Aprendieron bien la lección, sin duda. Esos malditos aún estarán lamiéndose las heridas, temerosos de que decidamos ir a terminar lo que empezamos.


Bueno, pues ya habéis tenido vuestra historia. En otro momento tal vez os cuente cuando le pateamos el culo al caudillo orco Guimbuff. Esa también es buena, sí… Pero ahora ve a traerme otra cerveza, chico, que me vais a matar de sed…

9 comentarios:

  1. Lo del cañón y el ingeniero ha sido un error de redacción mío, Isaac llevaba la Runa de la forja, además del ingeniero. Así que en eso no nos equivocamos. en lo que sí lo hice fue en un par de ocasiones que mis héroes marcharon y dispararon, pero para lo que hicieron, pues lo mismo daba xD

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  2. Bonito informe , con su historia y todo , así se vive este hobby

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  3. Buena partida. Esa dotación se merece un premio!

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  4. Muy chula la descripción de la batalla con su trasfondo y demás.
    ¡¡Gracias por compartir!!

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  5. Cómo ganan los informes de Batalla cuando se entremezclan con una narración.
    Gran trabajo, Narbek!

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  6. Gracias a todos, me alegro que haya gustado ^^

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  7. Genial! No sabía que tenía tanto mono de leer un buen informe hasta que lo he empezado.

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  8. Nos alegramos de que hayáis disfrutado de tantos giros de guión que nos dieron los dados. Incluso el contrincante Silvano no pudo resistirse a contarlo desde los ojos del enano borracho de la partida jeje
    voy a tener que darle masilla para alargarle las barbas, que se ha ganado de la subida de rango ;)

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  9. Me encanto este post. Me lo he pasado en grande leyendolo. Muchas gracias
    LARGA VIDA A WARHAMMER!!!!

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