¡Buenos días y bienvenidos de vuelta a los tratados de Veseso! A finales de Julio regresó por estos lares el taller del Gobbo con una entrada dedicada al estudio del mundo y mercado de las vitrinas, y hoy en esta segunda parte vamos a ver la conformación de una paso a paso
¡Saludos a todos, compis escalistas y visitantes ocasionales
del Blog!, siguiendo con el plan declarado en el anterior artículo, hoy toca
que os cuente qué pasó al final con mi obra magna.
Soy consciente de que probablemente este relato no pueda ser
aprovechado cual tutorial por cualquiera que lo lea por diversos motivos; bien
porque para poder realizarlo se precisa de una serie de conocimientos previos
mínimos, bien por temas de espacio, de tiempo, o de carencia de herramientas.
-Ya… ¿y para qué nos lo quieres contar entonces Veseso?-
Bueno, el motivo principal es para hacer saber a los
intrépidos qué tipo de problemas podrían encontrarse en el transcurso de este
proyecto (o cualquiera que se le asemeje) antes de decidirse a invertir su
tiempo y dinero en este con objeto de facilitarle a la gente que pueda tomar su
decisión con toda la información posible antes de dejarse llevar por un entusiasmo
sin límites, tal como a mí mismo me suele suceder; no me malinterpretéis, mi
intención no es desincentivar a nadie, sino el facilitar una información que
permita tomar la decisión (tanto positiva como negativa) con la mayor
conciencia y consciencia posibles. Y el motivo secundario es que me gustaría
poder echar una mano a aquellos que tengan sincera curiosidad e intención de
hacer algo parecido, ya que a menudo lo difícil no es encontrar las ganas de
hacer algo, sino un soporte de experiencia y precauciones mínimos a tomar, a
cuyo efecto os dejo mi correo a continuación por si alguien quisiese contactar
de forma privada, ya que aunque al menos por un tiempo suelo quedar atento a la
caja de comentarios de los artículos del blog (míos y ajenos), no podría
estarlo por siempre, y quién sabe quién leerá este artículo y cuándo:
Y ahora 2 cosas: la primera el advertir que va a ser un
artículo denso y muy extenso, por lo que
si ya tienes claro que no vas a hacer nada parecido, y que por tanto no tienes
un interés claro en el proceso, quizá quieras cortar la lectura aquí y
continuarla a partir del asterisco que encontrarás al final del artículo, donde
empiezo a hablar de las conclusiones.
Y la segunda, que por supuesto, no quisiera empezar este 2º
artículo de la serie sin antes dedicárselo a nuestro Arturo, auténtico rey de
los Bretones.
De acuerdo, retomando el hilo allá donde lo dejamos,
finalmente me decidí a realizar la vitrina en hierro… ¿pero por qué?
Como es natural, cada material tiene sus propias
características y maneras de ser trabajado… En general, no podría decir que la
madera sea inferior al hierro o viceversa, simplemente ofrecen prestaciones
diferentes: La madera se verá mucho más afectada todo el año en sus dimensiones
y ajustes debido a los cambios de temperatura y humedad que el hierro; la
madera se puede mecanizar, cortar, pegar y atornillar mucho más rápida, fácil,
cómoda y efectivamente por medios manuales que el hierro; el hierro tiene mucha
más masa que la madera (luego a mismo volumen, más peso); la madera se ve
seriamente afectada por la incidencia directa del sol, mientras que el hierro por
la humedad y el oxígeno; el hierro se puede cortar y soldar todas las veces que
se quiera, la madera no; es muy fácil marcar y manchar irremediablemente la
madera, el hierro no… en fin, seguro que os hacéis una idea de lo que os quiero
transmitir.
El caso es que teniendo todo lo anterior (y algunas cosas
más) presente, me decidí por el hierro fundamentalmente porque quería una
vitrina singularmente grande, y de haberla hecho en madera, me habría visto
limitado en varios aspectos:
1.
Dado que la madera tiene mucha menos resistencia
que el hierro comparando grosores equivalentes (por ejemplo, 3mm de hierro con
3mm de madera de pino), ello me habría obligado a trabajar con grosores muy
superiores para conseguir una resistencia estructural suficiente, y recordemos
que para una vitrina es de capital importancia que esta sea lo más diáfana
posible, por lo que el mismo mueble en madera habría sido mucho menos diáfano
de necesidad.
2.
El hierro se puede empalmar soldando sin ningún
problema, y aunque es verdad que en madera se puede empalmar también (tal como
atestigua el biombo de 4x2,5 metros que hice hace unos años), no queda igual de
resistente, más aún si se quiere trabajar con grosores mínimos.
3.
La madera requiere en general de más cuidados
que el hierro, se degrada a mayor velocidad (por uso y por el transcurrir del tiempo)
y es más fácil que termine desajustándose.
Además, por si no fuese suficiente, ¡qué carajo, tenía
muchas ganas de hacer algo diferente!
No obstante, no os confundáis, ya que yo nunca había hecho
un mueble de metal antes (si bien tengo cierta experiencia con los de madera),
sólo había hecho un par de chapucillas y tenía ALGO de conocimiento teórico que
más adelante me serviría muy bien, pero vamos, que poca experiencia con el
hierro… por ello, lo que se avecinaba sería una auténtica aventura, con un
montón de problemas, soluciones, más problemas, pérdidas de nervios,
desquicies, más soluciones, más problemas imprevistos, yo con ganas de
ahorcarme con la propia vitrina… ¿a que tenéis ganas de saber cómo pasó todo
eso?
De acuerdo, pasemos ahora a los bocetos de taller:
Yo sé que hice más, pero sólo conservo estos… habrá sido uno
de mis garrapatos, en fin. El caso es que, como veis, el planteamiento es harto
sencillo; 4 ángulos verticales que conectan varias parrillas horizontales que
hacen de techo y base, todo en el menor grosor posible, idealmente con ángulos
de 20x20x3mm, todo para un mueble con las siguientes dimensiones externas si mi
memoria no me traiciona: 200x120x37cm (si esto lo hubiese tenido que hacer en
madera habría sido muchíiiiiiiiiisimo menos diáfano). La parte trasera estaría
dividida horizontalmente en 2, con la mitad inferior tapada con una plancha de
DM, y la superior con un espejo, facilitando con ello que se pueda ver la parte
de atrás de lo expuesto y que el interior quede algo mejor iluminado gracias a
la refracción… le habría puesto espejo en ambas mitades, pero me pareció un
exceso, ya que además, la mitad inferior ya quedaba muy lejos de mis ojos, todo
ello con una puerta ÚNICA (sí, lo habéis leído bien… uno, que es optimista y
que quería que la visión hacia el interior no tuviese estorbo alguno) con
bisagras simples.
El motivo de que fuese tan ancha (120cm), era que, ya que me
ponía, quería que en cada balda pudiese entrar un ejército completo, nada de
eso de tener que dividirlo en baldas porque no cabe; yo quería cumplir con mi
visión de la infancia: un ejército, una balda, así debe ser.
No os dejéis engañar, aunque en papel se vea bien y los
croquis sirvan para anticiparnos a los posibles futuros problemas, este diseño
se pasa claramente de optimista al pensar que el peso y dimensiones de esos
cristales (fundamentalmente el de la puerta) son manejables por un único
operario sin experiencia e incluso que sea seguro por temas de equilibrio de
masas… pero bueno, afortunadamente el Gobbo recapacitará en el futuro, solo que
todavía no lo sabe. El caso es que ya tenemos nuestro boceto base y ya podemos
dirigirnos a por los materiales.
Dejad que en este punto os de un consejo… varios de hecho;
el primero es que hagáis un cálculo lo más preciso de todo cuanto vayáis a
necesitar antes de pensar siquiera en salir por ello (tantos metros de tubo de
tanto por tanto, las bisagras, la varilla roscada, las tuercas, electrodos…) en
mi caso creo que tuve que comprar como 20m de ángulo de hierro de 20x20x3mm,
tuercas del 8, 4 varillas roscadas de 2m, las bisagras las saqué de puertas
viejas que ya no se iban a usar más y el resto ya vendría más adelante. El
segundo consejo es que antes de dirigiros a los centros de suministro
habituales, os paséis por los “centros de recuperación” de la zona (los chatarreros
de toda la vida, vaya) y que allí os deis un buen paseo y hurguéis dando rienda
suelta al snotling que lleváis dentro, ya que ahí se puede encontrar de todo,
de hecho, de ahí saqué buena parte del material para la vitrina e incluso un
paño enorme de hierro galvanizado al peso para cuando haga las bandejas de
movimiento.
Ahora un resumen de las herramientas y útiles que he usado:
Sierra de mano con hoja para metal/ Radial con discos de corte, para amolar y
para lijar/ Limas/ Lija de diferentes granos/ una lijadora de banda con lija de
distintos granos/ Taladro con sus correspondientes brocas para madera y metal/
Sierra de calar/ Soldadora de electrodos/ Electrodos de rutilo de distintos
grosores/ Careta de soldar/ Guantes/ Mandil de herrero/ Cepillo metálico y
piqueta para retirar la escoria/ Buen calzado de seguridad/ Gafas de seguridad/
Gatos o sargentos/ Rotuladores para marcar/ Escuadra con talón/ Reglas y Metro.
Teniendo todo lo necesario para empezar, es hora de laborar,
con lo que empecé cortando todos los tramos que la estructura requería, y no
penséis que es cosa rápida, ya que por cada corte, además de medir, marcar y
cortar, hay que repasar cada corte a lima para dejarlos bien bien… y eso se
hace a manita (a no ser que seas un profesional y dispongas de toda la
herramienta para hacer las cosas cómodamente), en mi caso, contaba con la
sierra de mano de toda la vida, la radial (imprescindible, por si alguien lo
dudaba), limas, lija de mano y de banda… en general, para que os hagáis una
idea, sólo para la estructura principal (y aquí no contaré ni puertas ni
refuerzos posteriores), tuve que hacer unos 80 cortes (con sus previas
mediciones y marcajes) con sus respectivos 80 ajustes… y como digo, eso sólo en
la estructura base.
Vale, tras ello, tocó empezar a soldar. Tal como dije antes,
yo tenía unas nociones mínimas al respecto, con lo que me tocó aprender de
verdad a soldar probando a jugar con el amperaje, con la polaridad, con los
electrodos, y con los grosores de los hierros… muy interesante todo, sobre
todo, porque al soldar se producen unas tensiones térmicas entre el material
fundido y el sólido que hacen que durante el proceso, unas partes tiren de
otras, desajustándose todo… poca broma, en serio.
Empecé soldando un retal triangular en el extremo de cada pata
para poder soldar a su vez sobre este una tuerca a las patas, ya que como pude
ver en los muebles de IKEA (uno que se fija en todo), si en estas tuercas se
coloca una varilla roscada (en mi caso los pies sobrantes de una silla de
oficina que compré hace tiempo), esto permitirá adaptar el mueble en el futuro
a cualquier suelo, por irregular y/o desnivelado que esté, ya que podremos
jugar con la altura de cada pata de mueble de forma aislada merced a esa
varilla y tuercas (cabe recordar que habitualmente, aunque salga bien [guiño,
guiño, codazo, codazo], las soldaduras habrá que limpiarlas y repasarlas… vaya,
que también se tarda lo suyo en ello).
Tras eso, tocaba ponerse con las parrillas superior e
inferior, para las cuales hube de hacer la primera modificación del diseño
original; si os fijasteis en él, este contaba con un “remarco” interior en cada
parrilla, el cual, al principio cuando hice el primer boceto, pensé que sería
necesario, primero para poder ganar algo de margen hacia el interior de cara a
poder disponer de una superficie donde colocar los orificios donde más adelante
colocaría las varillas roscadas, y segundo, para darle más resistencia
estructural al conjunto… sí que era cierto que necesitaba más distancia hacia
el interior para poder acomodar las varillas, pero desde luego no necesitaba
más resistencia (bendito hierro); ello sólo habría servido para darle más peso
al conjunto pero sin sentido, así que me dispuse a rebuscar como buen snotling
entre mis hierros y de allí rescaté un antiguo ángulo de hierro que limpié y
troceé para hacer unos parches que me permitiesen ganar esa distancia, mas algo
de resistencia adicional, pero sin apenas peso.
Como veis en esta última foto, también me tocó recortarles
las 8 esquinas a las parrillas, todo para poder soldarle con posterioridad los
ángulos verticales largos de la vitrina, pero antes de hacerlo, tocaba hacer a
las parrillas los orificios que servirían para las varillas roscadas, para los
tornillos que afianzarían las superficies de madera (ya llegaremos a eso), y
los orificios que permitirían fijar, por seguridad, el mueble a la pared, para
lo que me compliqué algo más la vida (cómo no) soldando en el interior de cada
uno de los 2 orificios una tuerca para hacer aún más fiable la fijación a la
pared. (18 perforaciones en total).
Hecho todo lo anterior, ahora tocaba una de las partes más
complicadas de todo el proyecto: soldar las cuatro patas de 2 metros a las 2
parrillas y que el conjunto quedase medianamente nivelado. Para ello, me tocó
empezar por la parrilla superior, dándole la vuelta al conjunto para poder
apoyarlo medio en condiciones, sujetando a ojo cada pata una a una, con una mano
en la pinza portaelectrodos y la otra en la pata… Soldé mínimamente las 4 patas
a la parrilla superior, con ayuda de gatos (también llamados sargentos) apunté
la inferior y finalmente afiancé del todo el conjunto… malabares, ya digo, aún
no sé cómo salió aquello. Me gustaría haber podido enseñaros fotos, pero a
partir de aquí hay un vacío en mi archivo… supongo que se me pasó la disciplina
de ir haciéndolas con cada paso, pero tranquis, aunque sea con las del final y
mi texto, seguro que consigo hacerme entender.
Total, que ya podía ver “algo”, en el sentido que ya tenía
la estructura base, pero era ahora cuando veía el primer gran problema: tal
como os comenté anteriormente, cuando se suelda con electrodos, se crea una
tensión térmico-mecánica debido a la fusión del electrodo y de parte del
material a soldar tal que, a no ser que estemos trabajando con un material
realmente grueso o con tubos muy recios, se nos van a crear dobleces, queramos
o no, tal como yo sabía en teoría… pero claro, entonces llegué a la práctica y
me vi, al comprobar con el metro el conjunto, que si la distancia del fondo de
las parrillas era de 37cm, la distancia en el centro de las mismas (que en
teoría debía de ser igualmente de 37cm), era en realidad de unos 36 con algo (hablo
de memoria), vamos, que los ángulos se habían metido para adentro prácticamente
1cm, y no sólo en esos puntos, en las patas había sucedido lo mismo, pero de
una manera incluso más pronunciada si cabía.
Bueno, como os podréis imaginar, aquello no me hizo ninguna
gracia y me acordé de toda la corte celestial, ya que en aquel momento la única
solución que se me ocurría para arreglar aquello era el poner unas pletinas que
dejasen prácticamente todos los puntos medios (porque todos se habían puesto de
acuerdo para acercarse entre sí) en la distancia que deberían de haber estado,
con lo que en resumidas cuentas, a los laterales de la vitrina le salieron 2
pletinas en su centro, a las parrillas otras 2, la parte trasera se
compartimentó en 4 cuadrantes (es decir, que le puse una pletina horizontal y
otra vertical, como una cruz), y el frontal quedó dividido en 2 mitades
verticales por un parteluz… Sí, fue aquí donde terminé de convencerme que tendría
2 puertas en lugar de sólo una.
Todo esto por escrito suena súper rápido, pero ya os digo yo
que no lo fue en absoluto, fundamentalmente porque como os habréis imaginado
los más atentos, una cosa es poner una pletina corta para corregir una
compresión entre 2 ángulos, a 33cm uno de otro, y otra muy distinta es hacer lo
mismo con 2 ángulos a 180cm uno de otro… porque en este caso lo que pasa es que
la pletina flexa, comprimida por la tensión de estos ángulos y al final es como
si no hubieses puesto nada, por lo que me tocó volver a nuestro amigo el
chatarrero, coger unos ángulos 1mm más gruesos que los que estaba usando, de
4cm de ancho, cortarlos a lo largo, y colocarles unos nervios a cada lado de la
pletina, también longitudinalmente, para que pudiesen resistir la flexión… y
funcionó… eso sí, esta vez aprendí la lección y soldé lo mínimo para que
aquello no se doblase también como pasó anteriormente con todo lo soldado.
Vale, en este punto ya tenemos toda la estructura, así que
toca hacer las puertas, que no es sino un marco plano soldado a base de
pletinas obtenidas como describí anteriormente cortando ángulos
longitudinalmente.
Soldé las bisagras hembras a los marcos y los machos a la
estructura y me tocó ponerme entonces con los soportes para las baldas.
Claro, evidentemente, para unas baldas tan largas y estrechas
que van a ser de cristal, no podía dejarlas sin un soporte fiable, por lo que
me hice en el chatarrero con unos tubos cuadrangulares, los corté, los soldé en
forma de i latina mayúscula y les perforé los extremos para que estos pudiesen
pasar engarzados por las varillas roscadas, poniéndoles al final del proceso
unos rectángulos adhesivos acolchados que recorté de una banda de las que se
usan para aislar las estructuras metálicas para pladur del suelo en la cara
donde iba a reposar el cristal, tratando con ello que este no apoyase
directamente sobre el metal y que tuviese cierta adherencia al mismo.
Ahora le tocaba el turno a la base y el techo de madera, que
irían tapando sendas parrillas, que acogerían estas tablas. Para ello, en un lado
me bastó con marcar, cortar, biselar, lijar y perforar los agujeros de las
varillas roscadas y los tornillos de sujeción que la fijarían a la parrilla,
pero con el otro tuve que empalmar varias tablas de recortes por aprovechar lo
que ya tenía. Además, añadí un último detalle: en principio pensé destinar la
tabla de la parrilla inferior al almacenaje de los reglamentos, las White Dwarf
y mis vinilos, ya que no es algo que necesite tener muy a la vista y esa tabla,
más la propia parrilla, deberían aguantar el peso perfectamente, por lo que
aproveché unos retales de madera que tenía por ahí para preparar unos
sujetalibros que irían “anclados” a la tabla mediante unas espigas de madera,
por lo que corté los susodichos retales, les puse las espigas en la base, hice
las perforaciones en la tabla base y les rebajé a los sujetalibros unas marcas
para facilitar el extraerlas de la tabla y recolocarlas a la altura de la tabla
que necesitase, de tal modo que ganaría en orden y aprovechamiento del espacio.
En este momento, ya estaba preparado para presentar los
cristales en su sitio “a ver qué pasaba”, y lo que pasó es que, aunque había
corregido las deformidades más evidentes derivadas del soldado, las secundarias
no, y es que debéis imaginaros que cada tramo de la estructura, que debería de
haber sido recto, en parte estaba combado; tampoco mucho, sólo lo suficiente
como para que los cristales no asentasen bien y me viese obligado a forzarlos,
cosa que obviamente, no debía hacer.
Como os podréis imaginar, me llevaban los diablos, pero
dándole vueltas, se me ocurrió una solución: forzar la corrección mediante una
presión controlada, usando un tubo bien recio de referencia junto con unos
tacos gruesos de madera que sirviesen de asiento y unos gatos (sargentos) que
me permitiesen ejercer esa presión controlada… ¡y funcionó!
Hecho esto, era hora de preparar las piezas que permiten
fijar los cristales a la estructura y a las puertas. Para ello, soldé en los
ángulos internos de las patas del mueble 16 tuerquecitas del 4… no os podéis
imaginar lo pequeñísimas que son, y lo fácil que es fundirlas al intentar
soldarlas… no sé cuántas fundí, pero muchísimas más de las que soldé... Claro,
a esto, puede que alguien piense “pero hombre, haber soldado unas tuercas más
grandes”, lo cual sería lo lógico si no fuese porque ello me habría restado
mucho más espacio en cada ángulo para acomodar los cristales. La idea era el
fijar los cristales, panel de DM en la mitad inferior trasera y el espejo en la
mitad superior trasera colocándoles unas chapitas que irían afirmadas en estas
tuercas mediante varilla roscada del 4 y otra tuerca… un suplicio, de verdad
que llegaron momentos en que casi me desespero… pero salió.
En cuanto a la fijación de los cristales a las puertas, la
idea era básicamente la misma: colocaría una serie de chapitas (que yo llamo
uñetas) en el marco por dentro, y serían estas las que asegurarían los
cristales, atornillando las uñetas al marco con más varilla roscada del 4 con
sus respectivas tuercas. Para hacer las uñetas y las chapitas simplemente
corté, perforé, plegué a medida y repasé las 52 chapitas y uñetas una a una.
Dije simplemente porque la prueba más dura estaba por
llegar, que era el tumbar los marcos sobre una mesa, presentarles los cristales
encima en su posición, marcar las perforaciones que tenía que hacer en los
marcos que posteriormente me permitirían fijar las uñetas (72 perforaciones) y
practicar las mismas… bueno, hacer 1 perforación bien hecha (bien centrada en
su marca, sin desviaciones y perpendicular a la superficie, sin inclinaciones)
con un taladro, a mano, no es la gran cosa, pero hacer 72 ya era harina de otro
costal, ya que el error lo iba a pagar caro en tiempo y apaños malos… tengo que
reconocer que estaba cagado, (no exagero), pero ese día Gorko y Morko
estuvieron conmigo y no la pifié en ninguna perforación… en serio, eso es como
jugarte 10 partidas con 2.000 puntos de pielesverdes y no tener ni una
animosidad fallada… ¡Zoy la kaña!
Acabada la celebración, me puse con el cierre de las puertas
y con las asas para el candado que me cedió mi madre para colocar en la
vitrina.
Los cierres, que hacen también las veces de tiradores, son
simplemente sendos recortes de un ángulo de 20x20x3 con una perforación sobre
la que bascular, por la que iría un pequeño tramo de varilla roscada del 8,
encontrando el cierre y asiento cada tirador en una pieza hecha con recortes en
forma de T que iría soldada, a su vez, en el parteluz del mueble, siendo las
asas para el candado simpes recortes de pletina con sus correspondientes
agujeros para pasar el arco/ aro del candado por dentro.
Finalmente, tocó pintarlo todo. Yo me decanté por un negro
mate para la estructura de hierro, las chapitas, las uñetas y la cara externa
de la tabla que queda dentro de la parrilla superior; y por un azul aguamarina
pastel para la chapa de DM y la cara inferior de la tabla que está dentro de la
parrilla superior, dejando ambas caras de la tabla de la parrilla inferior +
los sujetalibros sin pintar (a madera desnuda). El motivo de pintar el hierro
es básicamente el prevenir la oxidación… ya sabéis que el óxido me gusta, pero
no era la mejor idea, así que bueno; pinté la cara superior de la tabla de
madera de arriba en negro también porque quería evitar en la medida de lo
posible que llamase la atención (resaltar aquí que la vitrina está junto a una
escalera y se puede ver desde arriba), y dejé sin pintar ninguna cara de la
tabla de abajo porque sé por experiencia que si se van a apoyar libros,
revistas u otros objetos que probablemente van a ser arrastrados por una
superficie, y esta está pintada, con el uso se producirá una transferencia de
color al objeto arrastrado, así que pensé que mejor si dejaba la tabla tal
cual, que total, tampoco quedaba feo (creo yo).
Una vez pintado todo, llegó el turno al montaje: ¿recordáis
que os mencioné al principio del artículo que le había soldado unas tuercas a
la base de las patas?, pues ahora tocaba usarlas roscándoles unas patitas
provenientes de una silla de oficina que nunca las necesitaría. La nivelé bien,
fijé en la vitrina por detrás unas escuadras empleando las tuercas que le soldamos
a la parrilla superior casi al inicio del artículo, marqué en la pared dónde
debían ir los orificios, retiré la vitrina, hice los agujeros en la pared, les
puse sus correspondientes tacos, tornillos, volví a poner la vitrina y lo
apreté todo.
El resto ya fue simplemente poner los cristales a la
vitrina, las tablas, el panel trasero, el espejo, armar y colocar las puertas,
los pestillos, los burletes, limpiar todo, las varillas roscadas, los soportes
de las baldas, las baldas de cristal y el candado (ver resto de fotos al final).
Sobre el sitio donde la puse, diré que al principio tenía en
mente ponerla en la habitación donde pinto las minis por aquello de tener las
cosas bien organizadas, pero me di cuenta que, aunque entro en esa habitación
cada día, es un llego-me siento, o un llego-me voy, además que allí entra
bastante el sol durante el invierno y el verano. Por ello, finalmente decidí
ponerla en un lugar de paso de la casa que hace de nodo para casi cualquier
habitación, junto a una escalera que permite ver la vitrina desde una posición
más elevada, pero no muy alejada, y donde además, nunca da el sol.
*
Ahora daré cuenta de los resultados: tardé un año entero en
hacerla, consumiendo todos los fines de semana y festivos; me habré gastado
unos 360€ más o menos, todo en materiales y elementos fungibles; he padecido
algún cabreo importante; alguna frustración; 2.000 retrasos por h o por b, y
seguro que si me pongo a pensar, alguna cosa más sacaría.
Por tanto, la gran pregunta: ¿MERECIÓ LA PENA?
Bueno… me encantaría poder contestaros con un monosílabo,
pero me estaría dejando tantas consideraciones importantes que en realidad sólo
os estaría contando media verdad…
A ver, por el lado bueno, si miro lo que cuesta una vitrina
con las dimensiones que tiene la mía, la mía es muchísimo más barata de largo;
tiene más y mejores prestaciones, dado que la diseñé para su lugar de
colocación en concreto, aprovecho al 100% todo el espacio (de la propia vitrina
y de la habitación); su estética me convence; he aprendido un montonazo de
cosas sobre soldar el hierro en grandes medidas, y sobre procedimientos que
nunca había experimentado (de hecho, más de uno lo he tenido que descubrir yo
mismo) y en general he obtenido una gran satisfacción.
Y por el lado malo, sólo comentar la cantidad ingente de
tiempo que me ha llevado, que de haberla invertido en otra cosa, más avanzado
iría (pintar minis u otros proyectos).
Yo creo que para mí sí que ha merecido la pena, aún con el
esfuerzo y tiempo puestos, máxime cuando pienso en que acabo de alcanzar lo que
para mí es un claro “punto de guardado” en términos videojueguiles en lo que al
hobbie se refiere.
-Ya Gobbo, pero, ¿se lo recomendarías a alguien más o mejor
le dirías que pensase en otra cosa?-
Bueno, realmente este tipo de proyectos son bastante
excluyentes por la cantidad de tiempo, herramientas, conocimientos previos y
espacio que se requieren para su desarrollo, por lo que yo recomendaría que, a
menos que se disponga de estos 4 condicionantes, que nadie se plantee el pensar
siquiera en ejecutar algo así, ahora, si esos 4 condicionantes no son problema
para nosotros o podemos mitigarlos de algún modo y tenemos ganas...¿por qué no?
-¡Jóe Veseso!, ¿entonces qué hacemos los demás?-
Jeje, para eso tendréis que esperar al último capítulo de
esta trilogía.
Y ya, sin más, creo que el Gobbo se ha ganado servirse un
vaso lleno de hielo, aceitunas, y un chorrito de vermut bien fresquito para
festejar este “punto de guardado” mío, ahora sí que puedo exponer en
condiciones las minis que pinte. ¡Nos leemos!.
Veseso, el Gobbo Errante, en Cuenca, a 21-08-2.025
Curradisimo, o se yo como hacer esto en el cuchitril de mi casa. Enhorabuena por el curro. Solo falta llenar eso de minis.
ResponderEliminarMuchas gracias Palin, en el último artículo de la serie propondré diferentes soluciones para lo que yo entiendo que serán las problemáticas más comunes entre los coleccionistas, y sí, ahora queda la parte más dura del proyecto: llenarla de minis 😎. ¡Un saludo!
EliminarBueno, por dónde empezar... Según iba leyendo, me estaba entrando angustia a medida que enumerabas cada tarea realizada y las dificultades encontradas (a parte de no entender la mitad de los términos técnicos XD). Pero supongo que eso luego se diluye en la satisfacción del trabajo finalizado, la verdad es que da gusto ver la vitrina. Yo en mi caso no tengo ni el espacio, ni las herramientas, ni los conocimientos para tamaña empresa. Suficiente hice con añadirle a una pequeña vitrina del IKEA una balda adicional y un cristal al fondo (expoliados de otra vitrina que antes o después acabará en el punto limpio).
ResponderEliminarAhora la parte mala... anda que no tienes curro para llenar tantas bladas :P
Bueno, han sido muchos inconvenientes (de hecho, me he ahorrado el incluir otros 3 o 4 problemas más ques surgieron por el camino por no matar de aburrimiento al personal), pero como dices, ahora que he pasado el túnel "tó ez mu bonito" 🥳, bueno, lo mismo con el último artículo de la saga te animas a ampliar más tu vitrina, quién sabe 😁
EliminarEspectacular tanto el trabajo como el artículo. Me lo leí entero y creo que volveré a hacerlo.
ResponderEliminarMuy completo. Como siempre, el cuidado que pones en cada paso del proceso se nota en el resultado y aunque no puedo valorar justamente el esfuerzo dedicado a esta obra, yo diría que solo por este tutorial mereció la pena.
Hay alguna cosa en la que me habría gustado que profundizases más, como el tema de los vidrios (tipo, grosor, precios, otras consideraciones....)
Luego, sobre algunas de las cosas que nos hablas también tengo algún aporte que puede ser interesante:
Durante mi época de ayudante de soldador pude aprender algún truco, como achaflanar las piezas que se van a soldar para que la soldadura penetre mejor en la unión, o ir aplicando la soldadura en puntos opuestos para compensar los problemas de dilatación de la pieza y que está no se deforme.
También me parecen muy cómodas las escuadras magnéticas de soldadura, que son una pasada para presentar las piezas que tengas que soldar y que te queden a 90° (o 45°).
Y seguro que más cosas que recordare cuando vuelva a leer el artículo.
Sólo añadir que eché de menos un poco más dé calidad en la foto de los discos por que no pude reconocer ninguno. Cosas de polifrikismos.
Muchas gracias de nuevo por el artículo.
¡Con qué gusto se dedican las cosas a aquellos quienes bien las aprecian, mi buen Arturo!.
EliminarYendo por partes, si, es cierto que omití el tema de los cristales y quizá no debiera haberlo hecho; sobre su coste, no te puedo decir lo que costó cada cristal porque, dado que no lo fui apuntando y que los compré por fases, no me acuerdo de todos, pero estoy seguro que las 6 baldas de cristal internas me costaron 104 € (con IVA, por supuesto), que van a canto pulido (a diferencia del resto, que por estar enmarcadas van a canto vivo), y miden 32x116 cm, y que todos los cristales de la vitrina son de 4mm. El tema del grosor es algo discrecional, pero en general yo no aconsejaría a nadie meter cristales de menor grosor por no disminuir su resistencia a la tensión y torsión, y más grosor, pues depende del uso a la que se destine la pieza, si va a ser para los laterales, creo que sólo conseguiremos más peso y mayor coste en material para nada, pero es cierto que para determinadas baldas puede ser interesante un grosor superior (dado que yo me hice los apoyos de las mías con tubo no me hizo falta, pero vaya, hay casos y casos)
Lo de achaflanar las piezas a soldar lo hice, pero sólo en las más gruesas, (en el resto no hacía falta por tema de grosores, era algo que se compensaba bien jugando con el amperaje y la velocidad de soldado), y lo de soldar por puntos estemrstégicos fue algo que aprendí por las malas pero que pude aplicar bien en los nervios que tiene el parteluz a dos caras, y de los imanes para soldar, tengo varios y no termino de apañarme; me fío más de los sargentos.
Y ya de los discos, a mí lo que más me va es el blues y el rock, fundamentalmente de finales de los 60, principios de los 70, así que ya te puedes figurar los grupos que hay ahí 🎸
Por supuesto, si tienes alguna pregunta o apunte, ya sabes que tienes más de un canal siempre abierto.
Repasando el artículo me surge una duda con lo de las tuercas de métrica 4 (ya que nos ponemos vamos a hablar con propiedad) que dices que sirven para anclar las uñetas. Veo que después les metes una varilla roscada para terminar poniendo otra tuerca por el lado opuesto de la uñeta.
ResponderEliminarNo habría sido mejor soldar directamente un tornillo, que soportaría mejor la temperatura sin fundirse y también te ahorras la varilla roscada?
El tema de repasar los cortes a mano con la lima... Por que no hacerlo directamente con la radial y un disco de amolar?
El sistema de las 4 varillas para regular las altura entre baldas está muy bien, pero hay un detalle que me llama la atención:
Seis baldas. Un ejército por balda. El trabajo que le pones a un lanzapinchoz... Espero que tengas muchos hijos para que terminen esa misión.
Sobre las varilla roscada y las tuercas y los tornillos, sí que en un principio lo tenía proyectado así, pero se dieron varios condicionantes; el primero fue que el día que fui a por los tornillos para la métrica del 4 no tenían, pero varilla sí, y aunque en lo que dices de soldar tienes razón, el caso es que necesitaba que los tornillos tuvieran varios largos distintos, y el he ho de soldar la tuerca y no el tornillo o la varilla roscada me permitía proteger de la soldadura la propia rosca (en la tuerca está más oculta y en el tornillo queda totalmente al aire, quiero decir, sí que es más fácil soldar el tornillo o la varilla que la tuerca, pero también es más fácil arruinar la rosca del tornillo o varilla que el de la tuerca), de igual modo, es muy fácil hacer un tornillo con la varilla roscada, tanto como hacerle un canal para el destornillador en el extremo (que es lo wue hice, vaya).
EliminarDe lo de repasar a lima en lugar de con disco de amolar diré que sí pero no, ya que la precisión de la Lina no es la de la moladora, evidentemente no todos los cortes los ajusté a lima, también usé la radial, pero si quieres que ajuste y asiente bien bien, nada como la lima.
Y de las baldas y los hijos, bueno, a ver, en teoría, desde que diseñé la vitrina, las baldas superiores son para las minis y las inferiores (de mitad para abajo) iban a ser para esceno... Y aún así voy a tener que meterme caña con el pintado 🤣🤣🤣
Al final cada uno encuentra el camino que mejor le venga.
EliminarGran aportación, aunque no creo que pueda hacerme una ni medio parecid y muchas gracias por la atención.
Para servirte como siempre Arturo, y no me seas pesimista, que de veras creo que en el 3er artículo casi la totalidad de la comunidad encontrará una serie de opciones muy interesantes y aprovechables.
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