viernes, 26 de junio de 2026

[Trasfondo] La Reunión

 ¡Sorpresa! Sí, ya habíamos acabado con los relatos de trasfondo del último Leyendas, pero resulta que Jefe Orko no pudo evitar la tentación de asistir al I Torneo Juegos Inquisitoriales en Haro, caracterizado porque todo eran bandas de mercenarios, y nos ha compartido su trasfondo y lista.



La Reunión

Trasfondo de campaña. Torneo de Haro 2026. Mercenarios.

(Crónicas del Crisol Dorado III).

Dorran El Sigilo entró en el pabellón de campaña sin ningún miramiento, donde rostros adustos le esperan intranquilos. El curtido jefe de exploradores de la compañía mercenaria El Crisol Dorado, apenas era consciente del agua que chorreaba su atuendo calado, ni del barro que dejaban sus botas en las pieles que abrigaban el suelo del interior del pabellón. Dorran se cuadró ante su general en un recio gesto militar y esperó a que este le concediera permiso para comenzar a hablar.

-¿Y bien? - Le apremió Bram El Halcón Infame, general del Crisol Dorado. Tal era su impaciencia por recibir noticias, que ni siquiera ofreció asiento al recién llegado.

-Vuestras sospechas eran ciertas. Las compañías mercenarias se están movilizando entorno a Haro. Hay una guerra en ciernes, sire, que o mucho me equivoco, o es una oportunidad para nuestra compañía.

-¿Quién es su pagador? ¿Quién los patrocina? - Sugirió una cantarina voz de mujer, cuya dueña ocultaba su presencia en las sombras del pabellón.

-Gran parte de los soldados movilizados se dirigen hacia la Torre del Cuervo. El inquisidor de Myrmidia, Ainvar Adunaar, ha promulgado un dictado de fe con el que pretende acabar con aquellos que no comulguen con su credo y someter así a los habitantes de la región. Los que se resistan, serán declarados herejes y perseguidos. - Respondió Dorran.

-La ambición de ese cerdo no tiene límites. - Dijo Ulas Flint, sentado a una amplia mesa repleta de viandas mientras degustaba una gran jarra de vino. - ¿Dictado de fe? Ese bastardo pretende hacerse con el norte de Estalia, no velar por su espiritualidad. – Escupió el viejo capitán entre estertores de una risa maltrecha.

Años atrás, la iglesia de Myrmidia había fundado la orden de la inquisición de esta deidad en el norte de Estalia. Su fin era la búsqueda de la verdad, la defensa de su fe y la lucha contra los Poderes Oscuros. Pero tras la llegada del siniestro inquisidor a la cúspide de la orden, las cosas habían cambiado. Desde su fortaleza de Haro, a la que los lugareños llamaban vulgarmente La Torre del Cuervo; por los cientos de cuervos que se alimentaban de los cadáveres expuestos en sus muros, Adunnar había sometido a las comarcas limítrofes a un régimen de terror e intolerancia religiosa como nunca antes visto. El fin del clérigo era de hacerse con sus riquezas, su poder y su influencia en el resto de Estalia. Ni siquiera la iglesia de Myrmidia era capaz de contradecir y someter al taimado inquisidor.

- ¿Y quién es el resto, quién se le opone? Has dicho que hay una guerra en ciernes y eso no ocurre si no hay al menos dos en disputa - Preguntó de nuevo el general.

-Las gentes que pretende doblegar La Torre del Cuervo están hartas de sus desmanes, hartos de vivir siempre con miedo a los militantes de la inquisición, y sobre todo hartos de su impunidad. Las cofradías de mercaderes y artesanos, se han unido y han establecido una asamblea de hombres libres a la que denominan El Consejo. Es la riqueza de sus arcas con la que se está reuniendo un gran ejército de espadas del alquiler para hacer frente a Adunnar y su alzamiento encubierto.

- ¿Qué estandartes has visto, Dorren? -Preguntó en esta ocasión maese Paolus, pagador de la compañía.

- Las Hachas del Norte y Los Partidarios se han unido a la Torre Del Cuervo, así como los Saqueadores de Novareno. El Lamento de Drakenhof y los Hijos de la Ira han sido contratados por El Consejo. Se rumorea que Las Arpías Rojas y Las Espadas Legendarias también han sido vistas en el Valle Gris, pero no sé más. Hay regimientos de renombre por doquier, y otros muchos pabellones, y compañías de soldados que ni siquiera conozco, sire. Cientos de bandas de guerra sin nombre buscan también labrarse una reputación en estos momentos.

-Viejos camaradas y viejos enemigos. Ya no sé con quien prefiero encontrarme en una batalla. Todos como buitres a por su pedazo de carroña fresca. -Protestó de nuevo Ulas.

-Bien Dorran, puedes retirarte. Tú y tus hombres descansad y dile a Will El Gordo que os abra un barril de buen vino de nuestras reservas. Os lo habéis ganado.

-Gracias sire.

Cuando el explorador se retiró, tan solo podía escucharse el crepitar del fuego que calentaba el interior de la tienda. Parecía que los mismos presentes temieran comenzar la conversación pendiente.

- ¿Qué opináis? - Inquirió Bram a su audiencia.

La voz de mujer comenzó su discurso- ¿Qué quieres que opine? La situación de la compañía está en un momento nefasto. Tras la batalla en Sajazarra, nuestras tropas han sido diezmadas. Contuvimos a la horda Pielverde del caudillo Uzguz y su gigante, pero ¿a qué precio? El ermitaño y sus bestias de cieno han desaparecido. Y sí, nuestros hombres cobran su soldada, pero ninguno está dispuesto a jugarse el pellejo si no puede disfrutar del oro que gana. El mal augurio se cierne sobre nosotros, pues nuestra compañía va de derrota en derrota. Y eso, queridos, es peor que tener a un soldado seis meses pendiente de cobro. Nadie quiere unirse a una compañía con mal fario.

-Ainvar Adunaar es un carnicero. ¿O es que nadie recuerda las villas del Trejo o el Puente del Gigante? Todos estuvieseis ahí, como yo. Torturó y martirizó a todos sus habitantes en nombre de su maldita fe. Niños y bebés de pecho incluidos. Yo no pienso poner mi espada al servicio de ese malnacido, por mucho oro que nos pague.

-Combatimos por el oro Ulas, no por una causa. Nosotros no matamos ni niños ni bebés de pecho, pero lo que hagan nuestros pagadores y patrones, una vez nos paguen, con las tierras o los enemigos que sometan no es asunto nuestro. Si buscas alguna causa por la que luchar, únete a una orden de caballeros, a ver cuánto te pagan…- Respondió Taran en un tono casi paternal.

-Te repito que mis espadas y yo no marcharemos bajo el estandarte de la Torre del Cuervo. Antes muero de hambre. - En ese caso eres libre de retirarte cuando quieras. – Alegó Taran con un encogimiento de hombros.

-Ya sabéis que tengo yo cuentas pendientes con Las Arpías Rojas. Como afirma Ulas, viejas enemigas. - Sugirió de nuevo la mujer. -  Es una buena oportunidad para cobrarme viejas deudas.

- ¡Tú tienes cuentas pendientes con la mitad de los mercenarios del norte, y la otra mitad, las tienen contigo! -. Respondió hastiado Ulas apuntando con dedo acusador hacia el lugar del que supuestamente provenía la voz.

-Calma señores, calma. - Intervino ahora maese Paolus. - Nadie es partidario de la causa y los modos de Ainvar Adunaar. Pero como capitanes del Crisol Dorado, tenemos que velar por el interés general de nuestra compañía. No somos hermanas de algún convento de la caridad de Myrmidia. El oro, como indica nuestro general al mando, es nuestra ley. Sin él, no sobrevivimos, pase lo que pase. Y como indica nuestra querida fémina, digamos que estamos atravesando un momento un tanto peculiar. Así pues, si el maldito inquisidor ofrece una bolsa mayor que ese consejo de mercaderes, a él nos uniremos, pero no participaremos en ninguna de las masacres que su guerra traiga.

Si de algo se jacta el Crisol Dorado, es de no haber incumplido nunca ninguno de sus contratos de guerra; ni de haber sido nunca unos cambiacapas, cosa que más de la mitad de los mercenarios que ha mencionado antes Dorran, no pueden decir.

Tras haber escuchado a sus capitanes y de disfrutar de un breve momento de cavilación, Bram comunicó por fin su voluntad a los reunidos:

-Necesitamos el oro y necesitamos nuevos reclutas. Sea de quien sea y vengan de donde vengan. Mandad mensajeros a ambos bandos ofreciendo nuestros servicios, así como las condiciones de nuestro contrato. Nuestro contrato no se incumple, ni por parte de nuestros patrones ni por la nuestra. Eso os lo garantizo. No habrá matanzas ni saqueos por parte del Crisol Dorado, ya lo sabéis. Las rencillas personales de cada uno quedan al margen hasta que hayamos cobrado por nuestros servicios. Todos tenemos cuentas que saldar, incluido yo. Una vez cobremos sois libres de ajustar cuentas a vuestra manera y con quien más os convenga, pero nunca en nombre de la compañía. Si algún miembro del Crisol Dorado contraviene esta orden, sea cual sea su rango o posición, me encargaré personalmente de que su cabeza adorne las picas de la entrada de mi pabellón.

-Partimos al amanecer, trasmitid esta orden a vuestros sargentos y subordinados. No quiero retrasos. Id ahora y descansad lo que podáis esta noche, pues se avecinan días de guerra.

-Y Ulas, si deseas retirarte puedes hacerlo. Tus hombres y tu habéis sido siempre de una gran valía para esta compañía, pero apoyaremos al patrón que más llene nuestros cofres, como es menester. Sólo espero no encontrarte al otro lado de la línea de batalla en caso de que no sigáis bajo nuestro estandarte.

- Veremos a ver de qué lado se decanta la balanza. – dijo Ulas Flint al tiempo que se levantaba para retirarse.  Rezaré pues a Myrmidia, para que Adunnar haya malgastado su oro con alguno de los bastardos que merodean esta tierra en lugar de con el Crisol Dorado.



  • Capitán mercenario humano con arma a dos manos, armadura pesada y Corona de Luccini
  • Hechicero de nivel 2
  • 16 compañía del Leopardo de Leopold
  • 15 piqueros con armadura pesada y grupo de mando
  • 5 caballería ligera con músico
  • 9 duelistas con dos armas de mano, músico y campeón
  • 10 ballesteros
  • 2 sueltafuegos
  • Olla caliente halfling

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