¡Sorpresa! Sí, ya habíamos acabado con los relatos de trasfondo del último Leyendas, pero resulta que Jefe Orko no pudo evitar la tentación de asistir al I Torneo Juegos Inquisitoriales en Haro, caracterizado porque todo eran bandas de mercenarios, y nos ha compartido su trasfondo y lista.
La
Reunión
Trasfondo de campaña. Torneo de Haro 2026. Mercenarios.
(Crónicas del Crisol Dorado III).
Dorran El Sigilo entró en el pabellón de campaña sin ningún
miramiento, donde rostros adustos le esperan intranquilos. El curtido jefe de
exploradores de la compañía mercenaria El Crisol Dorado, apenas era consciente
del agua que chorreaba su atuendo calado, ni del barro que dejaban sus botas en
las pieles que abrigaban el suelo del interior del pabellón. Dorran se cuadró
ante su general en un recio gesto militar y esperó a que este le concediera
permiso para comenzar a hablar.
-¿Y bien? - Le apremió Bram El Halcón Infame, general del
Crisol Dorado. Tal era su impaciencia por recibir noticias, que ni siquiera
ofreció asiento al recién llegado.
-Vuestras sospechas eran ciertas. Las compañías mercenarias
se están movilizando entorno a Haro. Hay una guerra en ciernes, sire, que o
mucho me equivoco, o es una oportunidad para nuestra compañía.
-¿Quién es su pagador? ¿Quién los patrocina? - Sugirió una
cantarina voz de mujer, cuya dueña ocultaba su presencia en las sombras del
pabellón.
-Gran parte de los soldados movilizados se dirigen hacia la Torre
del Cuervo. El inquisidor de Myrmidia, Ainvar Adunaar, ha promulgado un dictado
de fe con el que pretende acabar con aquellos que no comulguen con su credo y
someter así a los habitantes de la región. Los que se resistan, serán
declarados herejes y perseguidos. - Respondió Dorran.
-La ambición de ese cerdo no tiene límites. - Dijo Ulas
Flint, sentado a una amplia mesa repleta de viandas mientras degustaba una gran
jarra de vino. - ¿Dictado de fe? Ese bastardo pretende hacerse con el norte de
Estalia, no velar por su espiritualidad. – Escupió el viejo capitán entre
estertores de una risa maltrecha.
Años atrás, la iglesia de Myrmidia había fundado la orden de
la inquisición de esta deidad en el norte de Estalia. Su fin era la búsqueda de
la verdad, la defensa de su fe y la lucha contra los Poderes Oscuros. Pero tras
la llegada del siniestro inquisidor a la cúspide de la orden, las cosas habían
cambiado. Desde su fortaleza de Haro, a la que los lugareños llamaban
vulgarmente La Torre del Cuervo; por los cientos de cuervos que se alimentaban
de los cadáveres expuestos en sus muros, Adunnar había sometido a las comarcas
limítrofes a un régimen de terror e intolerancia religiosa como nunca antes
visto. El fin del clérigo era de hacerse con sus riquezas, su poder y su
influencia en el resto de Estalia. Ni siquiera la iglesia de Myrmidia era capaz
de contradecir y someter al taimado inquisidor.
- ¿Y quién es el resto, quién se le opone? Has dicho que hay
una guerra en ciernes y eso no ocurre si no hay al menos dos en disputa - Preguntó
de nuevo el general.
-Las gentes que pretende doblegar La Torre del Cuervo están
hartas de sus desmanes, hartos de vivir siempre con miedo a los militantes de la
inquisición, y sobre todo hartos de su impunidad. Las cofradías de mercaderes y
artesanos, se han unido y han establecido una asamblea de hombres libres a la
que denominan El Consejo. Es la riqueza de sus arcas con la que se está
reuniendo un gran ejército de espadas del alquiler para hacer frente a Adunnar
y su alzamiento encubierto.
- ¿Qué estandartes has visto, Dorren? -Preguntó en esta
ocasión maese Paolus, pagador de la compañía.
- Las Hachas del Norte y Los Partidarios se han unido a la
Torre Del Cuervo, así como los Saqueadores de Novareno. El Lamento de Drakenhof
y los Hijos de la Ira han sido contratados por El Consejo. Se rumorea que Las
Arpías Rojas y Las Espadas Legendarias también han sido vistas en el Valle
Gris, pero no sé más. Hay regimientos de renombre por doquier, y otros muchos
pabellones, y compañías de soldados que ni siquiera conozco, sire. Cientos de
bandas de guerra sin nombre buscan también labrarse una reputación en estos
momentos.
-Viejos camaradas y viejos enemigos. Ya no sé con quien
prefiero encontrarme en una batalla. Todos como buitres a por su pedazo de
carroña fresca. -Protestó de nuevo Ulas.
-Bien Dorran, puedes retirarte. Tú y tus hombres descansad y
dile a Will El Gordo que os abra un barril de buen vino de nuestras reservas.
Os lo habéis ganado.
-Gracias sire.
Cuando el explorador se retiró, tan solo podía escucharse el
crepitar del fuego que calentaba el interior de la tienda. Parecía que los
mismos presentes temieran comenzar la conversación pendiente.
- ¿Qué opináis? - Inquirió Bram a su audiencia.
La voz de mujer comenzó su discurso- ¿Qué quieres que opine?
La situación de la compañía está en un momento nefasto. Tras la batalla en
Sajazarra, nuestras tropas han sido diezmadas. Contuvimos a la horda Pielverde
del caudillo Uzguz y su gigante, pero ¿a qué precio? El ermitaño y sus bestias
de cieno han desaparecido. Y sí, nuestros hombres cobran su soldada, pero
ninguno está dispuesto a jugarse el pellejo si no puede disfrutar del oro que
gana. El mal augurio se cierne sobre nosotros, pues nuestra compañía va de
derrota en derrota. Y eso, queridos, es peor que tener a un soldado seis meses
pendiente de cobro. Nadie quiere unirse a una compañía con mal fario.
-Ainvar Adunaar es un carnicero. ¿O es que nadie recuerda las
villas del Trejo o el Puente del Gigante? Todos estuvieseis ahí, como yo.
Torturó y martirizó a todos sus habitantes en nombre de su maldita fe. Niños y
bebés de pecho incluidos. Yo no pienso poner mi espada al servicio de ese
malnacido, por mucho oro que nos pague.
-Combatimos por el oro Ulas, no por una causa. Nosotros no
matamos ni niños ni bebés de pecho, pero lo que hagan nuestros pagadores y
patrones, una vez nos paguen, con las tierras o los enemigos que sometan no es
asunto nuestro. Si buscas alguna causa por la que luchar, únete a una orden de
caballeros, a ver cuánto te pagan…- Respondió Taran en un tono casi paternal.
-Te repito que mis espadas y yo no marcharemos bajo el
estandarte de la Torre del Cuervo. Antes muero de hambre. - En ese caso eres
libre de retirarte cuando quieras. – Alegó Taran con un encogimiento de
hombros.
-Ya sabéis que tengo yo cuentas pendientes con Las Arpías Rojas.
Como afirma Ulas, viejas enemigas. - Sugirió de nuevo la mujer. - Es una buena oportunidad para cobrarme viejas
deudas.
- ¡Tú tienes cuentas pendientes con la mitad de los
mercenarios del norte, y la otra mitad, las tienen contigo! -. Respondió
hastiado Ulas apuntando con dedo acusador hacia el lugar del que supuestamente
provenía la voz.
-Calma señores, calma. - Intervino ahora maese Paolus. -
Nadie es partidario de la causa y los modos de Ainvar Adunaar. Pero como
capitanes del Crisol Dorado, tenemos que velar por el interés general de
nuestra compañía. No somos hermanas de algún convento de la caridad de Myrmidia.
El oro, como indica nuestro general al mando, es nuestra ley. Sin él, no
sobrevivimos, pase lo que pase. Y como indica nuestra querida fémina, digamos
que estamos atravesando un momento un tanto peculiar. Así pues, si el maldito
inquisidor ofrece una bolsa mayor que ese consejo de mercaderes, a él nos
uniremos, pero no participaremos en ninguna de las masacres que su guerra
traiga.
Si de algo se jacta el Crisol Dorado, es de no haber incumplido
nunca ninguno de sus contratos de guerra; ni de haber sido nunca unos cambiacapas,
cosa que más de la mitad de los mercenarios que ha mencionado antes Dorran, no
pueden decir.
Tras haber escuchado a sus capitanes y de disfrutar de un
breve momento de cavilación, Bram comunicó por fin su voluntad a los reunidos:
-Necesitamos el oro y necesitamos nuevos reclutas. Sea de
quien sea y vengan de donde vengan. Mandad mensajeros a ambos bandos ofreciendo
nuestros servicios, así como las condiciones de nuestro contrato. Nuestro
contrato no se incumple, ni por parte de nuestros patrones ni por la nuestra.
Eso os lo garantizo. No habrá matanzas ni saqueos por parte del Crisol Dorado,
ya lo sabéis. Las rencillas personales de cada uno quedan al margen hasta que
hayamos cobrado por nuestros servicios. Todos tenemos cuentas que saldar,
incluido yo. Una vez cobremos sois libres de ajustar cuentas a vuestra manera y
con quien más os convenga, pero nunca en nombre de la compañía. Si algún
miembro del Crisol Dorado contraviene esta orden, sea cual sea su rango o
posición, me encargaré personalmente de que su cabeza adorne las picas de la entrada
de mi pabellón.
-Partimos al amanecer, trasmitid esta orden a vuestros
sargentos y subordinados. No quiero retrasos. Id ahora y descansad lo que
podáis esta noche, pues se avecinan días de guerra.
-Y Ulas, si deseas retirarte puedes hacerlo. Tus hombres y
tu habéis sido siempre de una gran valía para esta compañía, pero apoyaremos al
patrón que más llene nuestros cofres, como es menester. Sólo espero no
encontrarte al otro lado de la línea de batalla en caso de que no sigáis bajo
nuestro estandarte.
- Veremos a ver de qué lado se decanta la balanza. – dijo
Ulas Flint al tiempo que se levantaba para retirarse. Rezaré pues a Myrmidia, para que Adunnar haya
malgastado su oro con alguno de los bastardos que merodean esta tierra en lugar
de con el Crisol Dorado.
- Capitán mercenario humano con arma a dos manos, armadura pesada y Corona de Luccini
- Hechicero de nivel 2
- 16 compañía del Leopardo de Leopold
- 15 piqueros con armadura pesada y grupo de mando
- 5 caballería ligera con músico
- 9 duelistas con dos armas de mano, músico y campeón
- 10 ballesteros
- 2 sueltafuegos
- Olla caliente halfling

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