¡Buenos días! Agárrense los machos, que hoy tenemos una nueva aparición de Veseso, que ha dedicado los últimos meses a una entrada de escalada de los lectores de las memorables. Que no se diga que no os he avisado.
Saludos de nuevo, compis escalistas y visitantes ocasionales
del Blog.
Sí, es cierto, ya había pasado mucho tiempo desde la última
vez que me dejé caer por aquí, tanta que, si no fuese por lo pesado que soy en
la caja de comentarios de los artículos de escalada del resto de escalistas, a
buen seguro que más de uno me habría olvidado ya, ¡Y bien merecido que lo
tendría por tardón!
Pero bueno, no pasa nada, para eso he regresado, para poner
mi contador de nuevo a 0 celebrando 3 cositas:
La primera es que con este artículo ya cierro la sección de
singulares de mi ejército base de Gobbos de 2.000 puntos.
-¡UÉEEEEEEEEEEEH!-
La segunda es que en el último mes he jugado varias
partidas; no eran de Fantasy, sino de El Señor de los Anillos, pero oye, con
mis minis pintadas y todo (pintadas de hace mucho tiempo, pero mías y pintadas,
que no es poco).
-¡UÉEEEEEEEEEEEEH!-
Y la tercera es que… ¡TENGO UN CAÑÓOOÓN!
-¿Éin?-
Sí gente, como lo oís, ya sé que escribí (hace mucho tiempo) que daba por cerrada la sección de artillería de mi fuerza de Gobbos… ¡pero os la he “colao”!, ¡mirád!
Bueno, es verdad que en rigor no tengo un cañón, pero si lo
pensamos bien, ¿qué tiene el gigante a modo de garrote?
Un cañón.
¿Y quién tiene el gigante?
Veseso, ¡JÁ!
Nota de Cordo: El silogismo es aplastante. Como el golpe de ese cañón.
¡Tengo un cañó-ón!,
¡Tengo un cañó-ón!,
¡Tengo un cañó-ón!,
Sí amigos, tendré
un ejército “top” gracias a este cañón… es verdad que no está guiado con láser
como los del imperio o los enanos… pero creo que dará buenas toñas, jéje.
Bueno, ya dejo de
hacer el tonto y empiezo con la chicha.
Como ya anuncié en
mi lista y organigrama al principio de los tiempos, ya tocaba tener un gigante,
y aunque es verdad que ahora, a diferencia de cuando éramos críos, hay más
variedad de modelos para elegir, la verdad es que por suerte para mí por lo
indeciso que soy, desde el principio tuve claro que sería este, ya que el
clásico de 6ª, aunque mole, la verdad es que el pobre hombre se ha quedado algo
pequeño, es de metal, y tiene unas proporciones anatómicas no muy de gigante,
la verdad; podríamos incluso resumir que es un señor más alto, tripudo e
hipertrofiado que el resto de humanejoz, pero poco más y no me atraía mucho. ¡Lo
siento Arturo!
Por otro lado, los
más antiguos de Workshop no mejoraban el de 6ª (para mí), los otros modelos
actuales son una barbaridad de grandes y caros de cajones, y el de Kings of War
me parecía de nuevo excesivamente grande, y con unas proporciones que no me
convencían (eso sí, al menos en foto, me parece muy buen modelo).
Por otro lado, el
que he escogido, de finales de 6ª, principios de 7ª, tiene muchas virtudes: Es
de plástico, con buena altura, buen modelado, buenos detalles, buenas
proporciones, un precio razonablemente bueno (sobre todo si recuerdo que lo
cogí en Wayland Games antes de los aranceles), tiene muchíiiiiiiiiiisimos bits
en el kit y el ensamblaje de todas sus piezas es bastante bueno y preciso
(máxime teniendo en cuenta que en la matriz pone que es del 2.005, aunque salió
a la venta en 2.006, poca broma), obra de Brian Nelson (como no, tratándose de
plástico) y Seb Perbet.
Nota de Cordo: Y no solo eso, sino que si un proveedor oriental te surte de las 3-4 piezas del cuerpo principal, el kit da para montarse otro...
Vale, escogido y
poseído el gigante en cuestión, ahora tocaba decidir qué íbamos a hacer con él,
quiero decir, ¿lo íbamos a conversionar?, ¿lo íbamos a montar usando únicamente
los bits que venían en el kit tal cual?, ¿qué?
Aunque reconozco
que el kit está muy bien, algo en el gigante no terminaba de convencerme… o
quizá sea yo… no lo sé, pero el caso es que el cuerpo me pedía modificarlo de
alguna manera, así que me puse a divagar, y por si ello pudiese serle de
utilidad a alguien, expondré algunas de las ideas que pasaron por mi mente…
Al principio, dado
que quiero hacerme una horda completa de nocturnos, pensé en hacer una especie
de parodia de un gigante que, habiendo pasado quizá demasiado tiempo entre los
Goblins nocturnos, ha asimilado su cultura y costumbres, de tal modo que pensé
en hacer una especie de “gigante-fanático” el cual avanza haciendo girar una
campana encadenada que llevaría, con la capucha y todo lo que identifica a los
nocturnos… vaya, un gigante nocturno.
El caso es que,
aunque en mi cabeza sonaba bien, quizá usase el gigante en otras fuerzas, y el
que este estuviese tan “personalizado” haría que luciese raro junto a otros
ejércitos, así que terminé por descartar la opción.
También pensé en
personalizarlo como un gigante que ha viajado y combatido por buena parte de la
geografía del viejo mundo, pero claro, a más lo pensaba, más raro me parecía
que un gigante hubiese sobrevivido a tantos enfrentamientos distintos… era como
una ida de olla trasfondística.
Así que terminé por
quedarme con algo más normalito para poder usarlo con casi cualquier fuerza sin
que rechinase mucho; un gigante que se ha enfrentado un poco al imperio y ya,
para de contar.
Para ello, revisando
mi caja de restos encontré un viejo cañón imperial de cuando yo coleccioné
imperio y pensé que sería un garrote estupendo… pero claro, solo cambiándole el
garrote no me quedaba satisfecho, así que decidí cambiarle la postura. Su
postura estándar de montaje es una buena pose que le da dinamismo con la
columna y cuello ladeados, pero puestos a ponerle un buen garrote, me pareció
que la postura debería de acompañarlo, así que decisión tomada.
Otro cambio que le
hice es que, tras revisar las cabezas que trae el kit, me decidí a cambiarle la
expresividad del rostro, ya que la que traía me daba la sensación como que le
faltaba fuerza… no sé, yo quería un gigante con mucha fuerza expresiva y los ojos
de las cabezas estándar del kit están como entrecerrados, creo que en general
les faltan arrugas de expresión y la boca se le podía abrir más, como si
estuviese dando un grito a pleno pulmón justo antes de descargar el garrote.
También pensé en
cambiarle un poco la posición de las piernas, pero dado que no era
estrictamente necesario y que probablemente en el futuro termine montando un
segundo gigante, concluí que mejor dejar esa parte tal cual.
Como últimos
añadidos, me pareció buena idea, por un lado, el que el propio gigante
incorporase su propio marcador de heridas, pues soy de esos que piensan que
durante las partidas, lo único que ha de haber por la mesa son las miniaturas,
la escenografía y los marcadores estrictamente necesarios, NADA MÁS; ni
punteros láser, ni ceniceros, ni latas de bebida, ni tan siquiera dados, NADA
(se supone que estamos recreando una batalla), así que el marcador estaría
integrado en el modelo.
Y por último, me
decidí a hacerme la plantilla del gigante caído de 6ª (Si vamos a hacer las
cosas, hagámoslas bien).
Vale, llegados a
este punto, intentaré acordarme de todo lo que he ido haciendo e iré
relatándooslo con relativo orden: ¡Empecemos!
Monté las piernas por separado y las uní a la cadera, tras lo cual tocó el primer escollo: dado que quería que la pose fuese que está a punto de descargar el garrote desde lo alto, vi que sería necesario corregir el “ladeado” de la columna y cuello para que mirasen de frente, para lo que tocó separar caja torácica de tripa y espalda baja para justo después “repegarlos”, pero corrigiendo la orientación del torso hacia delante, cortando el cuello y hombros en su totalidad hasta la base, además de rebajarle las clavículas y pectorales para prepararlo de cara a la pose final.
Tras ello, escogí la cabeza que más me gustaba, y con ayuda de los buriles, le retallé la expresión facial para acercarla más al estado de tensión e ira que buscaba, fundamentalmente el entrecejo, las patas de gallo, las arrugas de la nariz y las cejas. Después le corté el maxilar inferior y se lo repegué, pero mucho más abierto, para darle dramatismo y fuerza.
Cegué los huecos de los hombros y cuello con trozos de matriz de plástico, le puse un alambre a modo de alma para el cuello, le pequé la cabeza en la orientación buscada y comencé a modelarle el cuello.
Por comentarios de los compis escalistas, creo que hay una especie de halo de dificultad máxima en el tema de la masilla y el modelado de lo más inmerecida, en serio, no es difícil en absoluto, de igual modo, dado que yo disfruto mucho viendo conversiones con masilla y me gustaría ver cosas del palo por el blog, más adelante, en otro artículo del taller del Gobbo daré algunos consejos, pero no es este el sitio, por lo que baste decir al respecto que modelé el cuello.
Tras ello, le tocó el turno a rellenarle los cortes en el torso y a terminarle el rostro con más masilla.
Me puse entonces a colocar el cañón. Para ello, corté el garrote lo necesario, le pegué el cañón dentro, le simulé los daños en él que uno esperaría cuando un gigante ebrio se dedica a usarlo como almádena empleando un soldador de estaño un poco calentito y tocando aleatoriamente su superficie. Le coloqué los clavos (dos de plástico y uno con un alambre de punta batida), y enmasillé lo necesario.
Preparé entonces los alambres que harían de húmeros, reorienté la mano derecha con el garrote para conseguir el ángulo correcto, preparé con alambre el interior de la mano izquierda tras alargar algo el propio garrote con masilla, lo pegué todo y comencé a enmasillar.
Viendo al gigante original, este tiene una espalda raquítica, y dado que de todas maneras tenía que reconstruírsela por el corte previo y reorientación a la que sometí el torso, le puse una espalda algo más musculada, al igual que pectoral, le rellené la muñeca derecha y le modelé la muñeca y mano izquierda.
Viéndolo como estaba, y a falta de pegarle el barril que traía el kit, me parecía que aun así le faltaba algo, así que pensé que un collar de cuentas de cabezas de caballero imperial le iría bien, así que tomé algunas del kit de “Mounted Men at Arms 1450-1500” de los Perry, las perforé, las pasé por un alambre, se lo pequé al cuello, le modelé un poco la cuerda (no estoy nada satisfecho con el resultado de esa cuerda) y ya. Curiosamente, cuando estaba pintándolo, me vino un flash con la ilustración del gigante del libro de Orcos y Goblins de 6ª y pude comprobar que ahí ya aparecía este collar de cuentas de cabezas de caballero, por lo que ha terminado siendo un homenaje inconsciente tanto a la ilustración como a la mini de 6ª; ¡quién lo iba a decir!
Dos detallitos más antes de la pintura. Uno es que le preparé a este buen hombre una buena coquilla hecha con un escudo, al cual le modelé una heráldica consistente en una solitaria torre con pendón ondeante en la punta de su pináculo techado (típico de las torres del norte de Europa), la cual se yergue por encima de un frondoso bosque, cuyas poderosas raíces penetran en la fértil tierra que protege la ya mencionada torre (Nota de Cordo: A Ted Mosby no le convence ese diseño). El segundo es que le puse una serie de cicatrices a lo largo del cuerpo, fundamentalmente en aquellos sitios donde la lógica me sugería que el gigante podría sufrir bastantes ataques (como las manos, los pies y el rostro) porque por un lado me parecía que aunque siempre estamos preparando miniaturas que representan guerreros y criaturas avezadas a la violencia, lo cierto es que se ven pocas marcas de esa violencia, además que, por otro lado, ayudaban a contextualizar y aportar algún detalle más a la miniatura.
Una vez tuve el
modelo completo, lo presenté sobre la peana, comprobé el hueco que aún quedaba
en la misma y me dispuse a preparar el contador de heridas integrado.
Es un poco lío y extenso el proceso, por lo que la explicación de cómo lo hice desde cero me la guardo para un futuro capítulo de “El taller del Gobbo”. Baste con decir aquí que hice el contador, lo pinté, lo ensamblé a la peana, “pineé” el gigante a la peana y listo para el pintado.
En cuanto al propio
pintado, no quisiera empezar a comentarlo sin antes mencionar a mi compi de
fatigas de pincel Javielasur, quien con sus atinados consejos me ayudó mucho a
la hora de escoger con acierto más de un color de la mini, como por ejemplo las
plumas de las cabezas de los caballeros, cuya elección corrió de su cuenta,
¡Gracias Javielasur!
Comentando lo que
yo creo que sería más reseñable, destacaría que para mí, y desde el principio,
quería darle cierta importancia a la piel; por un lado porque esta me ayudaría
a remarcar que no se trata de un humano grande, sino de otra criatura, por lo
que me ayudaría del tono escogido para evidenciarlo, y por otro lado, porque la
piel ocupa una porción importante de la propia miniatura.
Por ello, tras
darle unas vueltas me decidí por un tono violeta-rosado, un color que destacaría
sin que fuese algo completamente escandaloso y lo señalaría como totalmente
distinto a los humanos.
Aunque en general,
para hacer mezclas suelo usar la paleta húmeda y se acabó, yo sabía (y a fe que
no me equivoqué) que iba a necesitar bastante más pintura preparada para pintar
al gigante de la que suelo usar en la paleta húmeda, así que decidí prepararme
aparte en 5 botes los distintos tonos que iba a ir usando progresivamente;
desde las sombras más profundas hasta las luces máximas (no me preguntéis por
las mezclas exactas porque lo hice sobre la marcha y no me acuerdo de las
pinturas base que usé), probando las mezclas sobre un bit de plástico que tengo
a modo de superficie de ensayo.
Esta preparación de
la pintura aparte demostró ser de lo más útil, ya que me tiré muchíiiiiisimo
tiempo hasta que le pinté la piel retocándolo todo constantemente, empeñándome
en conseguir un aspecto tenebroso y tétrico centrado en el rostro, enmarcado
entre el pectoral y los brazos, cosa que más o menos conseguí (más o menos).
A continuación, os pongo una secuencia de tonos de cuando los fui probando por primera vez en el gigante y su resultado final.
Para el cañón intenté destacar las marcas y daños en este producidas a consecuencia del uso al que le está sometiendo el gigante. Aquí confieso que me he pasado un poco con la pátina y que debería haber sido algo menos oscuro y verdoso… pero qué queréis, me encanta el óxido.
Otra cosa de la que me siento bastante orgulloso es de haberle echado un par y haberme atrevido a “manchar” la miniatura; si os fijáis en mis anteriores minis, ninguna tiene manchadas los bajos del pantalón o el calzado o los pies, pero como para poder avanzar y aprender hay que arriesgar, pues nada, me puse a ello y este es el resultado (Poca broma, que me tuve que mirar unas cuantas fotos de pies sucios para documentarme acerca del acabado que debían tener, ¡Puáj!)
Otros detalles de la pintura con los que estoy bastante contento son los escudos: El primero, que es el del antebrazo, lo resolví poniendo la leyenda “SIGMAR IMPERATOR REX” encajadas en sendos pergaminos diagonales; en un principio iba a poner una calavera y ya, pero con tanta cosa delante del escudo habría quedado muy desdibujado, así que esta me pareció una solución de compromiso aceptable… es verdad que la propia leyenda apenas se intuye, pero es que realmente daba igual lo que pusiese; siempre iba a quedar incompleto.
El segundo es el que os relaté más arriba, sin más.
Y ya para terminar con los detalles de pintura, los pantacas
y el careto del gigante.
Quería que los pantalones fuesen una amalgama de retales de telas recicladas de diverso origen que diesen al gigante un aspecto anárquico y descuidado, así que empleé bastantes colores (aquí de nuevo recalco la ayuda de nuestro Javielasur), y aunque al principio dudaba de si poner o no algún estandarte en los pantalones dado que es algo bastante común de hacer, al final me animé, más que nada porque algunos retales de tela son tan grandes, que salvo usando estandartes, no se me ocurre de dónde podría haberlos sacado el gigante, así que este es el resultado, un estandarte de la Reiksguard.
Y un estandarte que probablemente perteneció a unos Goblins nocturnos.
En cuanto al rostro, la verdad es que es la parte en la que más empeño he puesto (aunque no ha sido la que más problemas me ha dado, que fue la tripa) y no ha quedado mal si pienso que lo que buscaba era darle intensidad, dramatismo y tenebrismo (se supone que este tipo causa terror), cosa que busqué intensificando mucho los contrastes entre luces y sombras.
Y hasta aquí el relato de la propia figura, mas falta un detalle: La plantilla de gigante caído.
Como sabéis, los gigantes, tanto en el trasfondo como en
mesa suelen caerse mucho, y a tal efecto, en la última página del libro de
ejército de Orcos y Goblins de 6ª viene la plantilla que en teoría se debería
de usar para representar los efectos de dichas caídas.
Según el libro de ejército, con imprimir esa hoja, recortar
la silueta y pegarla en el cartón de una caja de cereales ya valía… pero no es
manera de hacerlo, máxime si de este modo la plantilla que obtendríamos sería
opaca, no hombre no, así no, ¡necesitamos ver las minis que potencialmente
podemos aplastar!; así que se me ocurrió seguetear la silueta en un retal de
metacrilato, repasar el borde con una cuchilla para que quedase bien bien y
trazarle la línea longitudinal que serviría de referencia para trasladar la
dirección del dado a la orientación de la propia plantilla… (Sí, Cordo, ya sé
que me dijiste que se podía usar igual la plantilla redonda pequeña, ¡pero no
me digas que esta no mola más!)
Nota de Cordo: No hay color maestro. Toda la razón.
Como colofón, aunque ya sé que lo típico es ponerle el
nombre a los gigantes DESPUÉS de haber librado su primer combate, lo cierto es
que mientras lo pintaba se me ocurrió que un nombre que le podría pegar sería
Leto, Leto el gigante… pero claro, luego llegó mi madre, vio la mini y dijo:
–“No, este tiene cara de Orestes”-
Así que nada, cuando una madre habla, los demás sólo podemos obedecer, así que así se queda: será Orestes el gigante.
Esto en cuanto a Orestes, pero aún he de añadir una noticia:
por cosas de la vida (o más bien del Wallapop), contacté fortuitamente con otro
antiguo fan de los juegos de GW a quien por motivos de privacidad llamaremos Mr.
X, con quien quedé para echarnos unas partidas a ESDLA y la verdad es que me
quedó una impresión y regusto magníficos, por lo que actualmente, además de
seguir quedando, estoy intentando engañ… quiero decir convencerle de que se una
al grupete de los escalistas para que comparta sus proyectos y hacer más
comunidad y piña, pero de momento se resiste, y eso que le he dicho de todo,
desde que este es un blog cristiano y serio, hasta que aquí nadie pensaría
nunca en usar más de 2 hechiceros o 1 hombre árbol en una partida a 2.000
puntos… no sé, si me hacéis el favor y en la caja de comentarios le animáis un
poco, le pasaré el enlace a ver si así cede y con ello pasa a ser un miembro
más de nuestra sect… quiero decir grupete, grupete… eso.
Y ya, sin más, por pura envidia hacia otros compis
escalistas que también le dan al trasfondo de sus ejércitos, os dejaré aquí mi
primer retazo sobre el mío propio, y ahora sí, os dejo, que tengo que ponerme
con unos Snotlings…
Los Gobbos estaban felices… o al menos habían alcanzado
un estado anímico-social lo más cercano a la felicidad.
Lo que apenas un par de horas antes había sido un campo
de batalla bajo un cielo plomizo donde las disciplinadas filas imperiales
contenían con notable éxito las anárquicas hordas de Goblins, ahora no era más
que un destartalado, agónico y confuso lodazal donde los heridos incapaces de
escapar se lamentaban y los Goblins se afanaban en rapiñar cuanto podían.
Aquí y allá se sucedían las escenas que mejor les
definían; Un Goblin pavoneándose cubierto por las embarradas ropas que había
cosechado de los restos de la batalla; Grupos de Goblins que, tras hacerse con
un barril de licor imperial cantaban a los trolls, que los ignoraban con un
nada fingido desdén; Lobos alimentándose de los caídos; e incluso el chamán de
la tribu, que con el ceño fruncido paseaba entre los absortos Goblins tratando
de localizar algún artefacto mágico que, por obra del azar, o más probablemente,
por el halo de poder y riqueza que desprendían por su propia naturaleza mágica,
hubiese caído en manos de algún Gobbo avaricioso, inconsciente e incauto.
No lejos de allí, Orestes el gigante se hallaba sentado
en el suelo.
Tras él se encontraba el carro imperial que, cual carrito
de viaje, había convertido en el vehículo y acomodo para cuantos objetos había
“recuperado” de la batalla: 5 barriles de licor, un báculo de hechicero que
relampagueaba y emitía un suave zumbido el cual podía oír si se lo acercaba lo
suficiente, un montón de telas provenientes de las tiendas de campaña de los
soldados imperiales, varios caballos muertos y un cañón sin su cureña, a pesar
de lo cual, no se evitaba el claramente excesivo peso que el pobre carro debía
soportar.
A la diestra de Orestes había una pila de cuerpos
imperiales, y a su siniestra, un barril de licor abierto.
Tras un rápido giro de muñeca, seguido de un enérgico
tirón, Orestes arrancó la pierna de su cuarto soldado imperial y comenzó a
darle torpes y ansiosos mordiscos tras haber soltado el resto del cuerpo: para
Orestes, los muslos humanos suponían el mejor de los bocados, ya que no
contenían vísceras y el hueso era lo suficientemente grueso como para aguantar
los tirones sin astillarse; no consumía la pieza entera, sólo las partes más
suculentas y sabrosas.
Tras lanzar lejos los restos de la pierna humana, ladeó
ligeramente la cadera, soltó una ventosidad, se rascó una de las heridas que
esos tontos humanos le habían infligido hacía un rato, tomó un trago
directamente del barril tras alzarlo por encima de su cabeza y volvió a coger
otro cuerpo de la pila a su derecha.
El cuerpo recién cogido era el de un humanejo con
armadura completa, lo cual, unido al hecho de que sus manos estaban rebosantes
de sangre, barro, licor y babas, hacía que le costase agarrar bien el cuerpo de
aquel humanejo, que se le caía constantemente.
Contrariado, Orestes lo elevó agarrándolo de uno de los
brazos, y mientras lo hacía, las grises nubes del cielo se abrieron lo
suficiente como para que unos tímidos rayos de sol se colasen e incidiesen
sobre la pulida superficie del yelmo del caballero, justo cuando Orestes lo
miraba, tratando de agarrar bien a ese humano muerto.
Por un momento, la visión de Orestes fue ofendida por el
reflejo de los rayos solares incidiendo fugazmente sobre la superficie del
yelmo, por lo que Orestes, instintivamente, apartó la mirada a un lado mientras
arrugaba el rostro, gruñía, y mostraba los dientes.
Entre irritado y prudente, Orestes volvió a dirigir la herida
mirada hacia ese tonto humano que le había molestado, y al volver a
contemplarlo, pudo ver, ahora sin sorpresa, pero con los ojos algo
entrecerrados por precaución, cómo la luz seguía incidiendo sobre el
esmeradamente pulido yelmo del caballero.
Aunque la luz seguía siendo algo molesta, ya no lo era
tanto tras la adaptación progresiva de sus ojos, y era ahora cuando podía
contemplar el juego de luces y colores que despedía el yelmo mientras Orestes
movía el cuerpo del humano entre sus manos.
Orestes estaba fascinado; aunque había visto muchas veces
el reflejo de la luz solar en el agua y otros metales, nunca había visto nada
parecido, tan pulcro, tan vivo, tan rápido, elegante, esquivo y bello, algo con
lo que, además, podía jugar moviéndolo entre sus torpes manos.
Harto ya de no poder cogerlo bien, Orestes tomó la cabeza
del caballero con una mano, el torso con la otra, y de un enérgico tirón
arrancó de cuajo la cabeza del tronco, dejando caer este inmediatamente,
volcando entonces su atención en el yelmo del caballero, el cual aún contenía
la cabeza del mismo.
Orestes pasó un rato dando vueltas al yelmo entre sus
manos, absorto ante el juego de luces, brillos y colores que el yelmo despedía
ante la incidencia de los rayos solares sobre su superficie, embobado,
impresionado y embelesado, hasta que, al cabo, y sin dejar de agitar el yelmo
entre sus manos masculló:
-…Booooooonnnníiiiiitoooooooo…-
Veseso, “El Gobo errante”, en Cuenca, a 11/02/2.026











































































Menudo locurón, Veseso. Precioso. Podría tirarme un buen rato escribiendo acerca de todo lo que me encanta del pedazo de curro que te has marcado, pero es que no sabría por dónde empezar ni por dónde acabar. Creo que con esto convalidas entradas para escaladas y tutoriales para los próximos 2 años.
ResponderEliminarMi más sincera enhorabuena, artista.
Menudo curro. Te lo gozaste bien con este kit.
ResponderEliminarMe gustó mucho el pintado de la planta de los pies. Los freehand, tanto los estandartes, como la inscripción en perfecto latín están de 10. La tipografía germana queda muy imperial.
Ahora estoy deseando que montes el gigante fanático con la campana.
Increible trabajo. Enhorabuena!!!
EliminarMadre mía Veseso, QUE BARBARIDAD!
ResponderEliminarMenudo trabajo de 10, es que ya no es solo dominar la pintura, sino la escultura. El conocimiento de anatomía para remodelar la espalda y las manos. Increíble. Me alegro de que te arriesgaras a pintarle la planta de los pies porque es un detalle que no solemos caer en hacerlo y lo hace mucho más realista. Por no hablar de la cara, merecidísimo buen resultado al exagerar la expresión, y el pintado de los ojos una pasada, casi puedo sentir escalofríos con esa mirada inyectada en sangre. Espero que te dé en batalla los resultados que se merece semejante miniatura!
Ha valido la pena esperar varios meses para verlo terminado.
PD: dile a tu amigo Mr.X que no se arrepentirá, que además de aprender, formar parte de la escalada le ayudará a ser más constante con la pintura.